Follow by Email

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Una gloria regional

Hay grupos políticos que no tienen sentido de la medida. Dispuestos a acabar con la decadencia en Asturias, se lanzan a escalar cimas imperiales y acaban como decía Marx (Carlos no, Groucho) surgiendo de la nada para alcanzar las más altas cotas de la miseria.

Los titulares de prensa que Foro nos ofrece de cuando en cuando, deberían enmarcarse para estudio de futuros especialistas, porque sí no el devenir de nuestra región no se entenderá en las páginas de la historia. El recorrido desde que Álvarez Cascos se lanzó al gran teatro de la política, como el magnífico actor de comedia que era, hasta que haciendo mutis por el foro dio paso a su sustituta, no tiene precio. Como una vieja gloria apareció en el escenario e hizo un debut que dejó a parte del público entusiasmado; pero la obra era repetitiva y lo de las tres funciones fue un fracaso porque no había sustancia en su desarrollo. La joven promesa, ambiciosa y a la espera de la retirada de la estrella, no ha conseguido público ni fama y se notan demasiado las cuerdas, que maneja entre bambalinas, una sombra alargada que pone y quita a su gusto los actores de la obra.

Como en este mundo de la farsa todo se contagia, algunos de los comediantes alcanzan niveles de histrionismo verdaderamente notables, creyéndose su propio personaje. Sobresale especialmente el actor que interpreta el papel del intelectual destacado, agotado por el trabajo intenso y la búsqueda de la excelencia profesional. Los que le conocemos y le hemos tratado en la vida civil, estamos admirados de cómo alguien que no pasa de la mediocridad más absoluta y es un maestro en el escaqueo y un campeón de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, además de ser experto en fastidiar a la gente sensata, ha logrado dibujar un héroe a la búsqueda de experiencias maravillosas, compañero fiel, entregado y sincero. 

Supongo que el gran teatro de la vida consigue estas cosas; aunque yo creo que voy a disfrutar de la obra, especialmente cuando caiga el telón. Al comediante que ahora abandona la escena le recomendaría que siguiera el consejo de Marx (Carlos no, Groucho): es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Mª Cristina nos quiere gobernar

Asisto atónita, desde hace tiempo, a los intentos desesperados en la búsqueda de un minuto de gloria en los noticiarios regionales, ya sea prensa, radio o televisión, por parte de la portavoz de Foro, Cristina Coto. Desde la retirada a sus cuarteles de invierno del que en su día fue el general secretario, muñidor de un experimento político que como la gaseosa perdió fuerza en cuanto se destapó y desparramó y capitán sin rumbo de un Costa Concordia a la asturiana que duró seis meses, esta chica aspira a convertirse en la gran esperanza blanca de la derecha asturiana y volver a instaurar la gobernanza a tres turnos.

Para alguien que no la haya visto actuar en los mejores estrados de la política de nuestra región, podría pasar por una mujer joven y suficientemente preparada, con ánimo de servicio público… ¡Lástima que en las distancias cortas la luz ya no sea tan favorecedora! Sus gestos y actitudes denotan una avidez por el poder que resulta inquietante y que parecen el pálido reflejo de una sombra demasiado alargada que maneja los hilos de su discurso; intenta en el movimiento nervioso de la melena, el ceño fruncido y el gesto altivo, hacer ver que está por encima de todos en su lucha infatigable contra la decadencia del momento histórico que le ha tocado vivir, pero no pasa de comportarse como una cría caprichosa y maleducada, que interrumpe a destiempo e intenta salirse con la suya.

Sus discretos inicios en el PP y su ascenso en el mismo, no parece tenerlos en cuenta  sino como una transición purificadora hacia fines más altos, siguiendo la estela de quien considera  "el político más brillante de la historia contemporánea reciente por su experiencia, su sabiduría y su carisma". No es extraño que tras el batacazo electoral de Mayo, su conclusión fuese que los asturianos se habían equivocado y Foro tenía la razón; quizás por ello no le importó lo más mínimo unirse a Mercedes Fernández –a quien había acusado de alojarse en el descrédito y mil lindezas más- en un intento desesperado por alcanzar el poder que fracasó.


También por ello, Cristina Coto, se lanza sin previo aviso sobre todo lo que se mueve en el Parlamento regional, siempre que haya prensa de cualquier tipo dispuesta a transmitir la jugada. Imagino que luego, la portavoz de Foro, visionará imágenes y repasará titulares para mejorar su estilo lenguaraz y desenvuelto, mientras sonríe con un gesto parecido al de la reina Mª Antonieta cuando subió al cadalso de la Bastilla: convencida de tener razón y de estar muy por encima del populacho.

domingo, 13 de septiembre de 2015

El síndrome de Robespierre

Decía Manuel Azaña, que si los españoles habláramos sólo y exclusivamente de lo que sabemos, se produciría un gran silencio que nos permitiría pensar. Estoy segura de que si el que fuera presidente de la República española, escuchara el incesante parloteo de algunos sobre la idiosincrasia republicana, rogaría otra vez mutismo y reflexión.

Hay personas que como fanáticas de la ideología que han abrazado, mezclan churras con merinas y confunden el culo con las témporas, olvidando los principios democráticos esenciales de respeto hacia el resto de la ciudadanía que no piense como ellas. Y si esto vale con respecto a lo deportivo o musical, cuando se refiere a la política, y especialmente a la política local, el fenómeno fan alcanza niveles de ridículo: las estrellas no se atreven al descontento de sus seguidores o de sus posibles aliados y como decimos en Asturias, agachen les oreyes, ante quienes manejan resultados electorales y votos cosechados como objeto de presión, para obtener lo que quieren sobre los derechos de los demás, e incluso como excelsos augures, se atreven a interpretar la opinión ciudadana expresada en las papeletas afines y no afines. O lo que es peor, a pensar que esas papeletas les dan el derecho a hacer lo que les dé la gana, que por otra parte no deja de ser el paso a un gobierno que controle lo que debe o no debe darse a los ciudadanos. Y es que hay personas que imbuidas de tener de su lado la verdad y la razón, acaban convirtiéndose en un peligro para la democracia y la libertad que dicen defender; de eso, a ver enemigos por todas partes, propiciar un partido único y convertir una mayoría absoluta en una dictadura, hay un paso.

No hay nada nuevo bajo el sol, ya lo dijo Robespierre, cuando superado lo de Libertad, Igualdad y Fraternidad, se vio a sí mismo como el padre de la República, desató el Terror y dijo aquello de que “…bajo el régimen constitucional es suficiente con proteger a los individuos de los abusos del poder público; bajo el régimen revolucionario, el propio poder público está obligado a defenderse contra todas las facciones que le ataquen. El gobierno revolucionario debe a los buenos ciudadanos toda la protección nacional; a los enemigos del pueblo no les debe sino la muerte”.

Lo más lamentable de todo el asunto, es que quienes deberían  gobernar para toda la ciudadanía, van del bracete con los que no alcanzan más allá de la parafernalia externa de banderas, chapas y felpudos tipo república independiente de mi casa y que estoy segura, si les invitaran a un cóctel monárquico, perderían las calzas por acudir y salir en el Hola. Desde luego a años luz de quienes respetan los principios constitucionales vigentes en nuestro país en cuanto a la forma de Estado y que si se plantea un debate sobre la misma, aportarán rigor intelectual, pros y contras.

Eso sí, si alcanzamos la III, ya vendrá algún majadero con toda la cuerda, a fastidiarnos la visita de la Guardia Republicana “por su ensalzamiento del militarismo” o cualquier nonada similar. Es lo que yo llamo el síndrome de Robespierre.