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viernes, 24 de agosto de 2012

Carta abierta al Concejal de Cultura de Borja


Sr. Don Juan Mª de Ojeda Castellot
(Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Borja –Zaragoza-)

Asisto entre atónita y fascinada a la pretensión de que el Ayuntamiento de Borja y la Concejalía que usted ocupa, inicien acciones legales contra su convecina doña Cecilia Giménez, por el asunto que no menciono porque a estas horas y gracias a las nuevas tecnologías, ya es universal.

Reconozco que cuando leí por primera vez la noticia y vi las fotos, me respigué, como decimos en Asturias para expresar un susto con vuelco del corazón, pero ahora estoy al borde del estado catatónico y no precisamente por doña Cecilia, sino por las fuerzas vivas de la localidad (o sea cura, alcalde y/o concejal del ramo); al médico no lo incluyo porque supongo, dado el número de población, que habrá un Centro de Salud y estarán a otras cosas.

Verá Sr. Ojeda, el hallarme en estado de pasmo se debe a varias cosas. La primera, que el reverendo D. Florencio Garcés –al que supongo maño- se haga con tanto primor el sueco y con fina ironía mezcle a Goya y los cercos a Borja, como si fuera el sitio de Zaragoza; la segunda, que el poder eclesiástico acuda a pedir ayuda al poder civil para evitar “mofas dentro de la iglesia”, cuando, a lo que supongo, todos los días veía el estado del cuadro –antes de la denostada intervención de doña Cecilia- y no hiciera al menos un intento de dar a conocer su deplorable estado; la tercera a que el poder civil que tampoco estuvo muy fino, se dé ahora golpes de pecho y quiera matar moscas a cañonazos. En este país somos muy dados a dejar que nuestro patrimonio se nos escape como arena entre los dedos y luego a lanzar ayes jeremíticos y buscar culpables que no seamos nosotros y nuestra desidia. Eso sí, cuando alguien nos deja con el culo al aire, entonces nos revestimos de dignidad ofendida.

Sé de lo que hablo, puede creerme Sr. Ojeda: aquí en Asturias, hace ya una montonera de años, un ladronzuelo de poca monta vino a demostrar que las joyas de la Catedral de Oviedo (entre ellas, la Cruz de la Victoria y la Cruz de los Ángeles) estaban bajo la custodia de personas con menos sentido común que un grupo de párvulos. ¡Y que le voy a contar del electricista vengador de la Catedral de Santiago!...; cuando salga el juicio, yo creo que debería figurar como atenuante que ayudó a demostrar la incompetencia y desidia del deán y demás responsables del patrimonio de todos.  Y esto son sólo dos ejemplos de los muchos que podría contarle.

Desde luego, Doña Cecilia Giménez no es una delincuente. En todo caso una persona sencilla que intentó solucionar un problema, lo que pasa que a veces las cosas se complican de una forma extraordinaria; ¡que le voy a contar a usted Sr. Ojeda!, que milita en el PP sobre como solucionar una crisis y pasarse con los retoques…

He visto por Internet y leído sobre Borja y me parece un sitio lleno de historia, arte, encanto y bases para un buen futuro, así que si me acepta el consejo, aprovechen usted y sus compañeros del Ayuntamiento, el tirón y vendan –en el mejor de los sentidos-  el lugar en el que viven. Y por supuesto, anime al padre Florencio y pasen los dos a ver a doña Cecilia, para darle consuelo y decirle que de una u otra manera todo se arreglará sin sobresaltos para ella, que quizás a lo Agustina de Aragón ha lanzado un cañonazo contra tanta indolencia, flojedad y apatía, como nos están invadiendo.

viernes, 3 de agosto de 2012

Sobre palabras y silencios en el conflicto minero



Puede que me falten horas de vuelo negociador y cantidades industriales de paciencia divina, pero cuando las circunstancias de mi profesión me han llevado a reuniones donde se buscan soluciones a un problema, no he permanecido en la silla ni un minuto más del instante en que me he dado cuenta que están intentando tomarme el pelo y hacer burla, mofa y befa de mis buenas intenciones de llegar a un acuerdo. Es cierto que los sindicatos mineros han intentado no ser quienes rompieran la baraja y dieran pólvora al Gobierno para disparar con bala; pero me parece excesivo esperar más de 5 horas después de la proclama del PP en boca de Fernando Martí, Secretario de Estado de Energía, que lo dejó meridianamente claro: nada de que hablar sobre las ayudas de este año; nada del futuro del plan 2013-2018 hasta quienes que gobiernan por Decreto-Ley, lo lleguen a valorar; y si acaso, que los representantes de los trabajadores eleven sus Cuadernos de Quejas al Sr. Soria para volver a reunirse cuando se estime oportuno.

Doy por hecho que los representantes sindicales son personas bregadas en estas lides, que manejan con soltura los tiempos de tira y afloja y que cuando van a la guerra saben las fuerzas –especialmente las estratégicas- con las que cuentan. Escuchar sus declaraciones me produce sofocos, porque después del recorrido que llevamos desde la llegada al poder de Rajoy y su alegre muchachada, y sobre todo el del Sr. Soria, oír que “juegan con nosotros”, “se han quitado la careta, “ha sido un encuentro sorprendente” o “si lo que quieren es que no se llegue a ningún pacto ni acuerdo, que lo digan ya y dejamos de perder el tiempo”…, es lamentable, porque deberían saber que de las filas del PP no va a salir nada que signifique una cesión ante el problema de la minería, no en este momento, cuando eso que llaman gobernar lo aplican con mano de hierro a sus conciudadanos, a los que han arrojado a los perros de Europa, ante quienes sin embargo se humillan y se doblegan.

Se puede hacer una reunión, dos, siendo generosos hasta tres, pero si una de las partes  “no mueve un milímetro su postura” y no hay voluntad de que lo haga, empecinarse en ello, es inútil. Y es algo que en Asturias, sabemos bien lo que significa; no hay más que recordar el cercano y efímero –por suerte- gobierno de Álvarez Cascos que como esas plantas invasoras de origen ornamental y apariencia inofensiva, a punto estuvo de costarnos un disgusto. Por cierto, la memoria de algún sindicalista es sumamente frágil y sorprende que con tanta experiencia no advierta que la mala hierba (que procede de una única raíz) es lo mismo en origen que en lugar foráneo.

Las palabras que no van seguidas de hechos –como decía Esopo- no valen nada, y en este caso, acudir una y otra vez a escucharlas, es un pérdida de tiempo, que les ha costado a los mineros muy caro, porque mientras sus representantes se dejaban enredar por largas reuniones de palabras hueras, se ha ido socavando la unidad y favoreciendo la división, con un desgaste social que ni la marcha negra a Madrid ni los encierros, han conseguido evitar y, si bien es cierto que despertaron muchos apoyos y solidaridad, la atención mediática se ha diluido.

¿Por cierto, a qué juega el vicesecretario de organización del PP, Carlos Floriano, cuando emplaza a los sindicatos a seguir hablando con Industria? El Sr. Floriano afirma “que todo el mundo sabe de donde partimos, tenemos que seguir hablando, a ver si somos capaces de encontrarnos”. Desde luego don Carlos tiene un gran sentido del humor, cosa muy sencilla teniendo al gobierno de su lado, pero debería considerar y hacérselo ver a sus compañeros de organización que a veces la buena gente se cansa de lidiar con ciertos personajes de los que uno no sabe si son idiotas en serio, o si se toman como algo real la burda comedia de frases insustanciales que representan.

Ahora, después del tiempo de las palabras hueras lo que me preocupa es el silencio: el silencio administrativo que propicia el Secretario de Energía cuando “anima a empresarios y sindicatos a elevar sus propuestas por escrito al Ministerio”; el silencio de quienes todavía a salvo del desempleo, tontos útiles del a mí no me va a pasar o ricos por su casa, asumen sin expresarlo verbalmente, el florido ¡que se jodan!, de la diputada Fabra; el silencio de las personas que no cometen injusticias y sinrazones pero se sientan a ver que pasa; el silencio del que advierte el proverbio, cuando dice que hay que guardarse bien de un agua silenciosa, de un perro silencioso y de un enemigo silencioso.

Entre tanta palabra huera y tanto silencio cobarde y amenazante, quizás ha llegado el tiempo de saber de que lado de la barricada estaremos cuando llegue el momento de la lucha.