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domingo, 27 de enero de 2013

La crisis como liberación


Parafraseando a Tolstoi podría decir que los países felices son todos iguales pero los desgraciados lo son cada uno a su manera. En este reparto, al nuestro parece que en los últimos tiempos le ha mirado un tuerto. Y ya no se trata de la crisis enquistada ni de los millones de familias que cada día se levantan pensando no cómo van a salir adelante sino cómo van a lidiar el día.

De lo que se trata es de la imagen deplorable de quienes están de manera directa o indirecta en las esferas de responsabilidad, ofrecen a quienes sólo quieren su pan, su hembra y la fiesta en paz, como decía la canción.

Estos últimos días, leer la prensa, escuchar la radio, ver la televisión o entrar en Internet en busca de información, es un ejercicio de dureza extrema, prueba de resistencia de la indignación y test para medir la capacidad de paciencia antes de que estalle por los aires y sea sustituida por la ira, santa o no.

Este país –o sea, España camisa blanca de mi esperanza a veces madre y siempre madrastra-,  es una nación - diga lo que diga algún columnista de La Nueva España-, que en cuanto nos descuidamos, vuelve a vestirse con las galas imperiales que esconden la marrullería, la picaresca y el vivir a salto de mata; vamos que nada de soles soberanos que no se ponen nunca y sí mucho de lazarillos, buscones y pícaros en general.

Eso sí, no somos nada clasistas y repartimos por igual la trapacería; la única diferencia es que según los niveles, la importancia del embeleco es mayor o menor. Por supuesto que las saneadas cuentas suizas, las adjudicaciones a dedo o prediseñadas, las empresas para blanquear o desviar dinero negro, los sobres bajo manga, los sobresueldos que pagan identidades ficticias, visten mucho más, pero, ¿quién no se ha escaqueado del IVA?, ¿quién no ha buscado un enchufe para saltarse una lista de espera?, ¿quién no ha  ocupado una plaza de aparcamiento –con tarjetita y todo- de un minusválido?..  Y es que se comienza por aceptar una cesta de navidad y se acaba por construir un aeropuerto vacío de aviones y pasajeros para que entrene en sus pistas un joven piloto de coches.

¿No hay entonces personas honradas en nuestra piel de toro? Pues sí, bastantes más de las que se podría pensar, pero tratan de pasar desapercibidas. Han oído demasiadas veces como se las motejaba de pringadas, inocentes, pardillas y simples, por anteponer principios e integridad a cualquier atisbo de engaño; así que siguen adelante con su conciencia, confiando que algún día se ponga de moda ser honesto. A estas personas, debería referirse la diputada Andrea Fabra, cuando melena al viento desde su escaño en el Congreso, dijo aquello de “que se jodan”. Por cierto que está señora, es un ejemplo viviente de sagacidad familiar: carrerón imparable en el PP hasta sentar sus nalgas en el hemiciclo madrileño, hija de Carlos Fabra que fue la mente creativa del aeropuerto vacío de Castellón y, esposa de Juan José Güemes, ex consejero de Sanidad de Esperanza Aguirre, que encontraba con su cargo una oportunidad magnífica de hacer negocio en el ramo –dicho por él mismo-.

Somos un país peculiar; lo que Machado definió como de charanga y pandereta: a los reyes los subimos al cadalso pero sólo por un ratito y en efigie, llamamos El Deseado al badulaque más grande que ciñó la corona, los dictadores se nos mueren en la cama y los poetas sucumben ante un pelotón de fusilamiento, en la cárcel o en el exilio.  

Somos un país que por tener, tiene a un Presidente de Gobierno que llegó al poder jugando al despiste, a la malicia de las medias verdades y al engaño. Un ejemplo perfecto de pícaro, rodeado de una corte de pícaros, que se protegen unos a otros, para salvar más que la cara –que la tienen de cemento- las delicadas posaderas. Nada de que asombrarse: en Asturias donde alardeamos de prever las borrascas antes de que atraviesen Pajares, concedimos mando en plaza a quien juraba ser un neófito regenerador y no era más que  un desclasado de la política buscando venganza, acomodo económico y refugio ante más que posibles tormentas.

Estoy segura que no saldremos de esta crisis indemnes, pero espero que salgamos liberados: de la truhanería de cierta clase política; de la necedad de quien debería dar ejemplo de educación y moralidad (lo del duque consorte no tiene un pasar); de la desidia  de quien considera que sus derechos dinásticos están por encima de sus deberes como Jefe de Estado.

No, no saldremos indemnes, pero espero, como dijo Machado, que nazca otra España implacable y redentora…la España de la rabia y de la idea.

viernes, 11 de enero de 2013

Doce meses en Asturias entre dos discursos de fin de año


Hace un año escribía en este mismo foro sobre la cosa pública, al comentar el discurso del entonces presidente de Asturias, Álvarez Cascos. Aquel discurso, oscilando entre la diatriba y el sermón moral, estaba vacío de contenido y disfrazado de tierra milenaria, fuego regenerador y patria común, que me retrotrajo a otro don Francisco y a otros fines de año.

Apenas 30 días después, el docto magister que nos regañaba (a la ciudadanía asturiana) por no saber estar a la altura de las circunstancias y nos daba lecciones de cómo actuar, convocaba elecciones anticipadas porque no le dejaban hacer lo que le daba la gana y era incapaz de ponerse de acuerdo con nadie, dejando  a Asturias a los pies de los caballos de sus antiguos aliados y ahora declarados enemigos. Paco Cascos, sin programa, sin ideas y sin gobierno (los consejeros y consejeras no decían nada, ni movían un papel que no hubiera visado el Jefe), gritó aquello de “conmigo o contra mí” y se lanzó como el General de un comando suicida que era consciente del coste en bajas, pero al que no le importaba nada salvo su propia venganza; cosa que demostró de forma cumplida en las semanas siguientes hasta las elecciones, donde la campaña por el voto y el ¡sálvese el que pueda!, de su alegre muchachada llevó a la región a la parálisis casi total, que no lo fue, gracias a la labor de los trabajadores de la administración (clase hoy denigrada y maldita) que mantuvieron las cosas del día a día.

Entonces, se demostró de forma clara que no hay nada más peligroso que un camión de cuatro ejes, a toda velocidad por una autopista, esquivando o chocando, según los casos, contra todo lo que viene en dirección contraria; y encima creyendo que los que vienen mal son los otros y sacando la cabeza de la cabina para insultar. El espectáculo sería patético tras la elecciones, con recursos sobre votos emigrantes –hay que ganar sí o sí-, y claramente risible en aquellos encuentros con el enemigo, sin mirarse, y comparecencias ante la prensa donde no se decía nada tras una intensa verborrea o donde la mal llamada canallesca, parecía  tener algún problema de audición por lo alto que se hablaba o lo mucho que se silabeaba y que al fin como en el poema cervantino … incontinente/caló el chapeo, requirió la espada/miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

Álvarez Cascos, volvería por sus fueros en el discurso durante la toma de posesión de Javier Fernández como Presidente de Asturias: podría haber tenido la elegancia de mantenerse en un segundo plano, pero no lo hizo, y lo que se escuchó fue una perorata grandilocuente teñida de rencor, donde salieron a flote todas sus fobias y prejuicios, sin agradecimientos para nadie, salvo para él mismo, incomprendido y agraviado.  Los meses que han seguido hasta la fecha han dejado la evidencia de que FAC trasmutado en Foro Asturias, no es más que la sombra alargada de un pequeño dictador que sigue en la Junta General, dominado por su contumaz –o yo o el caos- y controlando los hilos de las marionetas que maneja desde la oscuridad y que siguen lanzando –Coto dixit- inmundicias en todas direcciones para tapar su propia incapacidad y disimular sobre las bombas programadas que fueron dejando colocadas en su brevísima etapa de gobierno.
 
En ese mismo acto, el de su investidura, Javier Fernández, enfocó un discurso de muy distinto calado: de agradecimiento a los presentes, a quienes le habían precedido (incluido el huraño saliente) y a quien le abrió los ojos a la vida y a los ideales; un discurso donde habló de construir, de consensuar y de caminar con un sentido claro de donde se quiere ir. Estaba en las antípodas de su antecesor, como ahora, al finalizar el año, lo sigue estando: ha sido un discurso breve, propio de quien le gustan más los hechos que las palabras, alejado de “la pompa y la impostura”, anclado en la realidad –que no le gusta pero la afronta- y alentando “el consenso, no la división ni la fractura”, convocando a todos los asturianos –los de dentro y los de fuera- y reviviendo la Asturias que en los peores momentos ha dado la cara, pero que esta vez, dispuesta a hacerlo, no va a dejar que la olviden y la marginen.

Desde luego, los meses que lleva gobernando el equipo de Javier Fernández no han sido fáciles, con problemas y desencuentros, pero hay voluntad de trabajar, y sacar adelante a la región; el haber logrado aprobar un Presupuesto que sirva para gestionar los recursos, la búsqueda de un pacto social y el consejo y asesoramiento de personas expertas en distintas materias, pueden ser tres firmes apoyos para romper con la inercia y la desgana y lograr una Asturias no perfecta sino mejor, como afirmó el Presidente, en toma de posesión. Eso, y aprender de los errores pasados (como lección política) y de las meteduras de pata (entrando con rapidez al quite) del gobernar en el día a día; eso y enormes dosis de sentido común.