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No soy una experta en lenguaje gestual, pero tampoco lo necesito. Observar a Donald Trump en cualquier acto público, es saber quien es el presidente de los Estados Unidos:
- es un narcisista que hace ostentación de su riqueza y disfruta con la admiración de los que rodean, piensa que el mundo gira en torno a él y es un "showman" que necesita las cámaras a su alrededor y sabe la influencia que tienen, al igual que las redes sociales
- es un megalómano que está convencido de que tiene el poder y el derecho de cambiar la vida de los demás a su gusto
- es un manipulador o lo que en política se llama un populista: discursos con ideas poco definidas pero repletas de frases grandilocuentes, que calan perfectamente en personas desencantadas con otros gobernantes y que con los pies fríos y la cabeza caliente, aceptan con total entusiasmo proclamas estridentes que les refuerzan contra lo considerado peligroso como el feminismo, la población migrante...
- es un racista y un xenófobo de libro y marca claramente la frontera entre "los suyos " y "los demás"
- es autoritario, prepotente y arrogante y son numerosas las ocasiones en que lo ha demostrado con colaboradores, políticos tanto norteamericanos como de otros países o periodistas a quienes trata como a "inferiores"
- es un misógino y sus comentarios son directamente ofensivos: nos considera a las mujeres, inferiores e incapaces, encasillándonos en roles de sumisión
- es un individuo que carece de empatía y se apoya en prejuicios y estereotipos, mostrando un rostro insensible, grosero e intolerante
- es agresivo y ello se ve claramente en la política que lleva a cabo y en su discurso, basado en la fuerza militar de los Estados Unidos para obtener lo que quiere, sea poder territorial y económico
- es un fanático que impone su manera de pensar sin que le importen los resultados y ello se ve con claridad en la deriva de los últimos días y que sin duda está dispuesto a convertirse en el líder de los caudillos menores que gobiernen con mano de hierro otros países o en pequeños y ambiciosos personajes políticos ansiosos también de poder
Ante todo ello ¿qué podemos esperar? Nada de los sensatos norteamericanos que parecen pájaros sometidos a la hipnosis de una serpiente y ahora parecen intentar escapar a su influjo, pero quizás demasiado tarde; nada de los dirigentes y la clase política que se une al matón del barrio o le entregan sus objetos de más valor para salvarse de los golpes; nada de las instituciones que deberían ser garantes de la democracia y la libertad.
La ONU, aunque esté debilitada por el el derecho de veto de los Estados Unidos, no puede dejarse amordazar, al igual que la Unión Europea, a pesar de las amenazas y de los insultos. El siglo XXI, con todos los altibajos vividos o quizás por ello, no puede ser una triste repetición de los dolorosos sucesos del siglo XX.
Recuerdo ahora las palabras de Winston Churchill, refiriéndose a la política de Hitler y a la cachazuda respuesta de las potencias europeas a sus desmanes: "aceptasteis la indignidad para no tener guerra y ahora tenéis indignidad y guerra". No quisiera tener que repetirlas en un triste ya os lo dije, cuando no haya remedio. Toca decir basta, toca parar los pies a este individuo malvado e idiota.
Parafraseando a Albert Camus debemos aprender que en lo más crudo del invierno, debemos luchar por un verano esplendoroso.



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