domingo, 19 de mayo de 2013

Después de mi, el diluvio

Con la primavera que estamos sufriendo, donde el agua ya no es que caiga de los cielos, sino que parece brotar de las profundidades y anegarnos, el título que antecede, me parece bastante apropiado para encabezar unas líneas de opinión sobre el proceso que vive el SOMA-FITAG-UGT, tras la renuncia a la Secretaría General de Fernández Villa.

José Ángel Fernández Villa, sin el que no puede entenderse la historia del SOMA y de las Cuencas Mineras, ha sido uno de esos dirigentes que a fuerza de estar en primera línea, en este caso de la lucha obrera, se ven incapaces de delegar en quienes les rodean, de confiar en sus compañeros de viaje y de facilitar -sin que haya que hablar por ello de un Delfín a la espera de la herencia- la formación de un sucesor.

La adicción al poder es un mal de casi imposible cura, incluso cuando el enfermo se retira a sus cuarteles de invierno, afirmando que su tiempo ha pasado pero convencido de que nadie puede sustituirle y debe seguir manteniendo las riendas bien sujetas, porque la alternativa es el caos; incluso aunque se hable de decepciones teñidas de traición.

Pero si mala es la adicción al poder, peor es la atonía de quienes se han mantenido a su cobijo, creando un círculo protector construido de elogios y adulaciones, sin asomo de crítica, sin energía para hablar con realismo, temerosos de perder el pan y la sal. Las elecciones a la búlgara, son de suyo poco saludables para la renovación y el fortalecimiento político o sindical, porque lo que producen son organismos fondones y poco ágiles, acomodados y sin fibra para afrontar los nuevos tiempos.

Lo que me llama poderosamente la atención, sin embargo, y dada la rapidez con la que se puso en marcha la sucesión de la Secretaría del SOMA, indicando que las posiciones estaban bien definidas, es cómo el proceso se ha complicado de una forma tan notable. Pero como dijo Antonio Gala, el poder es como el nogal; no deja crecer nada bajo su sombra. Y la de Fernández Villa es todavía muy alargada para que la persona que lo sustituya no quede oscurecida por ella. Eso y que tan larga dirección unipersonal -Comisión ejecutiva o no- ha producido demasiadas fidelidades y demasiadas desconfianzas, que enconan el debate entre el “no podemos” y “el no queremos”.  En el fondo, responden a los mismos estímulos que los herederos de cualquier legado, repartiendo el mismo tras la desaparición o la marcha de quien lo tuvo unido bajo un cetro poderoso o una mano férrea.


Lo que yo me sigo preguntando a estas alturas, es lo que realmente significa la frase, después de mi el diluvio, atribuida al rey Luis XIV; hay dos opciones: tras de mí el caos o yo me voy, arreglaros como podáis.  

jueves, 9 de mayo de 2013

Cañones o mantequilla (una reflexión histórica-educativa)


Los voceros del régimen gritan que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y mientras inyectan sangre fresca en el sistema financiero, nos señalan con el dedo acusador. Ocultan los chanchullos urbanísticos, los pagos bajo manga, los sobresueldos, el dinero oculto en paraísos fiscales o las cuentas en bancos del país del reloj de cuco, que por cierto, es un pájaro oportunista y ladrón.
Pero tampoco, la ilustre oposición –y excluyo al sector de los iluminados- ha sido capaz de enfrentar los malos tiempos y desafiar con la dignidad de su historia, a quienes aplastan la dignidad de la ciudadanía. No estamos en la Europa decimonónica pero les ha faltado un poco de  fibra libertaria y les ha sobrado otro poco de grasa burguesa.

Mientras, la gente del común sufre la negra sombra de la crisis y del paro, familias de varias generaciones ensayan la técnica del alambre y un hombre honrado se cuelga del cuello ante el desahucio que llama a su puerta, cuando quizás a quien habría que colgar, mayormente de los pulgares, es a quienes están robando la esperanza y el futuro.
Estamos en guerra, una guerra económica pero guerra al fin y al cabo, donde  se vuelve a hablar de aquello que dijo Goebbels, ministro de propaganda nazi, cuando afirmó que había que decidir entre cañones y mantequilla. O dicho en términos actuales políticamente correctos, hay que optar entre austeridad y despilfarro.
Es curioso oír hablar con gesto pomposo, de austeridad, a gente que ha hecho negocio de casi todo y que ha vivido, vive y vivirá  al sol que más calienta; y duele como una herida abierta, que despilfarro sea para esta tropa, los derechos fundamentales y los servicios públicos, conseguidos y construidos cuidadosamente durante años.

En esta línea y referido a la Educación Pública, la LOMCE que se acerca, supone un torpedo en la línea de flotación de la enseñanza pública de este país. El afán privatizador del Gobierno raya en un ansia enfermiza por controlar la educación desde parámetros empresariales de beneficios y pérdidas, cosa que encaja como un guante en los experimentos de un Sociólogo metido a ministro de Educación, con los centros escolares convertidos en empresas con cuenta de resultados y ranking corporativo.
La LOMCE supone dejar fuera del sistema al alumnado más vulnerable por razones intelectuales, sociales o económicas: van a desaparecer las horas de apoyos y refuerzos; se eliminan ayudas para comedores, libros y transporte; se obliga a concretar las opciones de estudios en edad más temprana, cuando todavía no se ha definido con claridad la personalidad del alumnado; se esfuman asignaturas y modalidades en la ESO y Bachiller, dejando la mayor variedad para los centros escolares urbanos y centrales, con lo que los periféricos y sobre todo los del mundo rural, van a sufrir, además de la económica, una discriminación intelectual; hay un intento claro de desmantelar la Formación profesional; y aumentan los obstáculos y las trabas para acceder a la enseñanza superior.
La LOMCE además, constituye en sí misma el máximo recorte posible, pues blinda con rango de ley, todos los ajustes ejecutados hasta ahora y los que se quieran ejecutar en adelante.
Pero si todo lo anterior no fuera suficientemente grave, la LOMCE supone abrir las puertas al acoso y derribo sobre los sistemas democráticos que rigen en los centros escolares y uniformizar ideológicamente a la ciudadanía desde las aulas: se controlarán los currículos para hacer desaparecer “materias peligrosas” como la Educación para la ciudadanía o se consolidará la Religión como materia evaluable en la ESO y Bachiller y sumatoria para la nota final de cara al acceso a la Universidad, con el agravio comparativo que supone para el alumnado que no curse esa materia; se anularán  las competencias de los Consejos escolares; y se controlará la elección de la dirección de los centros, dando la posibilidad a la misma, de la contratación y despido del profesorado, creando “colegios e institutos” a la carta, que recibirán el pan y la sal, cuanto más afines sean al pensamiento oficial. Algo que encantará a los jóvenes cachorros del PP, que impulsaron no hace mucho una campaña de denuncias contra los profesores que en el ejercicio de su libertad de cátedra, se mostraran desafectos a las políticas de su partido.

Se trata al final de hacernos creer que la situación actual económica, política y social no tiene otra salida, que debemos optar por cañones o mantequilla, y que esa opción es la que hay que asumir dejando de lado nuestros derechos y retrocediendo en los avances conseguidos. Pero "una  vez que un gobierno tiene a un pueblo a sus pies, una vez que se ha hecho con su conciencia, entonces es capaz de hacer con él lo que se le antoje". Esto último también lo dijo Goebbels.


miércoles, 1 de mayo de 2013

Profesores para el futuro, no enemigos públicos



Quizás convenga, puesto que el tema despierta y despertará mucha polémica –a raíz del llamado pago del verano al profesorado interino de enseñanza- explicar  a la opinión pública asturiana, la situación profesional y personal de este colectivo tanto en  Primaria como en Secundaria.

Conviene ante todo, hacer un poco de historia. En 1998, se convocaron las primeras Oposiciones autonómicas de enseñanza en Asturias; la Oferta Pública fue mínima, y a partir de entonces discontinua, según años, especialidades y plazas vacantes –por cierto, pírricas- y que no cubrían y no cubren de lejos, las necesidades reales de profesorado. A ello hubo que sumar convocatorias de última hora o cambios de legislación y temario; a título de ejemplo, en 2011 se cambió el temario de Secundaria y cuando muchos opositores ya lo habían adquirido y estaban trabajando sobre él, en los primeros meses de 2012 se volvió al antiguo, para terminar descartando realizar oposiciones. Todo ello conlleva para el profesorado interino, un sube y baja no apto para cardíacos, donde tienen que compaginar un trabajo intelectual intenso a lo largo de la mañana  con muchas horas de estudio en la tarde y en el tiempo libre; y por cierto, conviene recordar que los exámenes –cuando tocan- se realizan cruzándose con las últimas jornadas de curso, mucho más cargadas de responsabilidades dentro y fuera de las aulas.

En el actual sistema de acceso, hay tres pruebas: un primer examen por escrito de un tema a sorteo de los que forman las distintas especialidades y que dependiendo de las mismas, están por encima de los 70 temas; un segundo examen que consiste en elaborar y defender ante el tribunal, una unidad didáctica de ese mismo temario o de la Programación Docente, que presente el candidato; y un tercer examen, que es la defensa de la Programación Docente de un curso académico. Esos tres exámenes son eliminatorios y sólo en el caso de aprobarlos, se suman méritos de formación y experiencia laboral. Los que logran obtener plaza y destino, pasan a ser funcionarios docentes en prácticas y tras un curso escolar, se les nombra funcionarios de carrera. Los demás ocupan plazas de funcionarios interinos, concurriendo cada año a las vacantes que oferte la Consejería de Educación o cubriendo bajas por enfermedad o plazas temporales por otros motivos. Cuando hay nuevas oposiciones, tienen que volver a presentarse y los aprobados previos no sirven para nada.
A los opositores los examinan personas que unos días antes eran compañeros y pasan a ser elegidos por sorteo para unas pruebas en las que la mayoría no quieren estar, por la responsabilidad que representa y la sobrecarga de trabajo, también a final de curso; unas pruebas donde los aspirantes se juegan el poder seguir trabajando, si no pueden acudir por cualquier circunstancia adversa y donde una parte sustancial de las mismas, responde a un discurso memorístico y totalmente subjetivo a un lado y a otro de la mesa. Unas pruebas a las que acuden –Asturias es tierra generosa- aspirantes de Comunidades que no convocan en ese momento, Comunidades que muchas veces han negado a los asturianos, el pan y la sal, con criterios de idioma, puntuación y otros recursos para beneficiar a sus coterráneos. En todo caso, el número importante de profesorado interino que ha ido acumulándose en Asturias, es fruto de un sistema caduco y poco ágil, que lastra y atasca la forma de acceso a la Función Pública.

Los que sufren esta situación han pasado por todo y se han adaptado a todo. Al principio, sustituciones de 3-4 meses, con lo que ello supone: llegar a mitad de curso, no trastocar mucho el trabajo de la persona a la que se sustituye, no alterar demasiado el ritmo del alumnado, y cuando se tienen las cosas controladas, vuelta a empezar… Quienes tienen vacante para todo el curso, se encuentran en mejor situación profesional, pero para muchos es difícil conciliar la vida laboral y familiar porque dependiendo del destino, tienen que alquilar una casa o enfrentar largos kms. de ida y vuelta durante toda la semana, con el gasto y desgaste físico y mental que conlleva; también se hace muy difícil participar en proyectos de centro porque un curso se puede  colaborar, pero al siguiente se estará en otro destino, ya que no siempre la posición en la lista coincide con la vacante más favorable. 

En estos años, las necesidades en los centros docentes, se han cubierto tirando del colectivo que por razones de conseguir méritos pero también por afán vocacional, ha seguido formándose como educadores (siempre fuera del horario lectivo) y batiéndose el cobre en el trabajo diario de las aulas, que es mucho más que las horas de clase propiamente dichas. En el trabajo y con los años, se va pasando por todos los niveles, según materia y especialidad, de Primaria, ESO, Bachiller, Módulos de Formación Profesional, PCPI, Diversificación y Orientación; y a lo largo del curso, se realizan tareas de tutoría, de Guardia, horas de apoyo a alumnos que necesitan una atención más personalizada, se recibe a padres o se les llama por teléfono, hay reuniones con los compañeros como Equipo Docente, como Tutores, con los Equipos de Orientación, reuniones de Departamento, sesiones de Evaluación, preparación de informes, seguimiento de faltas y tareas administrativas de lo más variadas; a ello hay que unir las horas de preparación de clases, corrección de exámenes y trabajos, revisión de tareas diarias…, que se extiende a las tardes, fines de semana y periodos vacacionales del curso, si es necesario. Y a todo esto hay que sumar cuando toca, estar en Pruebas de Diagnóstico, en Tribunales de pruebas libres de ESO, y en todo lo que implica ser miembro de un Claustro de Profesores de Centro Escolar. ¡Ah!, y no olvidemos, Jornadas culturales y actividades complementarias y extraescolares, que no son una manera de romper la rutina, sino más horas de trabajo y mucha responsabilidad hacia el alumnado a su cargo. También, y no son una rara excepción, que se ocupen Jefaturas de Departamento o Jefaturas de Estudios adjuntas.
Todo lo anterior, implica que el Profesorado interino no va a cubrir el expediente, que se involucra más allá de su especialidad, participando en actividades, aportando ideas, exigiendo responsabilidad, trabajo y esfuerzo y actuando en consecuencia; es decir, sin nada que les diferencie –salvo un status laboral- del funcionariado de carrera, pero estando sometidos un poquito más que ellos, a los vaivenes de la crisis y que les afecta en su vida profesional y personal.

Habiendo conseguido algunos derechos que les acercan al funcionariado de carrera y realizando las mismas tareas, no tienen ni de ni lejos la misma consideración. Este curso han compartido con el profesorado de carrera, el aumento de horas de trabajo y el recorte de salarios –incluida la paga extra-, pero se añadía el agravio comparativo de que el 30 de Junio se acababan unos contratos que desde hace años se firmaban hasta el 10 de Septiembre y se enlazaban con el del siguiente curso: es decir, que ni se cobraría el verano, ni se sumaría experiencia laboral. Parece dicho así que al colectivo de profesorado interino solo le interesaba el tema económico, pero la situación tenía un calado mucho más profundo, que afectaba a su prestigio como docentes, porque suponía que no se iban a realizar las labores de atención al alumnado en las posibles reclamaciones de Julio –mes en que el profesorado debe estar a disposición de la Administración- exámenes de Septiembre, firma de actas, labores de tutoría y departamentales, preparar informes y cerrar el curso, con un alumnado con el que se fue trabajando, conociendo y evaluando, a lo largo de los distintos trimestres.

Cuando la Consejería de Educación, analizando pros y contras, ha rectificado y dado marcha atrás, este profesorado, se ha visto puesto en la picota social, y maltratado amparándose en el anonimato de las redes, con esa característica tan española de buscar una cabeza de turco, dejando irse de rositas a los verdaderos responsables de la situación catastrófica que vive nuestro país y cargando contra quien no tiene ninguna culpa, si se analizan con detalle, lo que narro en líneas anteriores, y se deja de lado la costumbre –también muy propia de este país- de hablar sin informarse o manipular la verdad.

Francisco Giner de los Ríos, escribió hace muchísimos años que “de todos los problemas que interesan a la regeneración político-social de nuestro pueblo, no conozco uno solo tan menospreciado como el de la educación nacional…  La educación es escudo y defensa de la nación”. Parece que no hemos aprendido nada y que el enemigo público son quienes forman un capital humano que no puede despilfarrarse, quienes educan a la futura ciudadanía de este país, defendiendo a capa y espada una enseñanza de calidad, igualitaria, progresista y pública.






jueves, 4 de abril de 2013

Cada uno en su nivel, el que la pilla pa él

Las emisoras y las rotativas de los periódicos echan humo por la noticia de la imputación de Cristina de Borbón en el caso Nóos y parece que para algunos se están cayendo los pilares de la tierra, porque una Infanta de España tenga que declarar ante un Juez.

Se olvida –o eso se da a entender- que estamos en el siglo XXI y no en el Antiguo Régimen; esta es una sociedad de ciudadanos, no de súbditos, y si alguien tiene que dar explicaciones ante los tribunales, deben ampararle sus derechos constitucionales y las garantías jurídicas, nada más; y que cada quien responda de sus actos. Al menos si es verdad lo que el Rey dijo sobre que “la justicia es igual para todos”.

No parece entenderlo así José Manuel García Margallo, Ministro de Asuntos Exteriores, si tenemos en cuenta sus declaraciones “de que esto se sustancie con rapidez  porque no beneficia a la Marca España”. Y ha añadido que "cualquier cosa que afecte a una institución que ha sido capital en la Transición española y que es capital para el prestigio de España en el exterior, causa enorme preocupación en el Gobierno”.

Convendría recordarle al señor Ministro que no hay mejor patrocinio para un país que exportar la imagen de un Gobierno coherente con sus promesas de gestión para resolver los problemas del país y preocupado por el bienestar de la ciudadanía. Escandalizarse ahora, con la que ha caído y está cayendo, sobre todo en el entorno del Gabinete Rajoy y en la sede de Génova, tiene bemoles. De todas formas, si tiene dudas sobre el verdadero significado de la Marca España, yo creo que debería preguntar a las personas de este país en paro, desahuciadas o que simplemente han visto empeorar su día a día en los últimos años.

Por otra parte, convendría ir superando esa adoración sacrosanta por el papel que la Corona jugó en la Transición y en momentos críticos como el 23F, que tan bien nos han vendido. Superada la edad de la inocencia, tengo la convicción de que el  Rey jugó sus bazas por interés dinástico de quien tuvo que hacer muchos pasillos y que por una vez, olvidó la larga tradición de los Borbones, de ir con los de la feria  y venir con los del mercao.

Además, no se puede defender contra viento y marea a quienes parecen haber olvidado el lugar que ocupan y del que tanto alardean, fallando en la coherencia y el ejemplo que deben dar, porque al final ocurre lo que siempre me dice alguien muy cercano a mí y a quien he pedido el copyright: cada uno en su nivel, el que la pilla pa él.


domingo, 10 de febrero de 2013

Uno de los nuestros


El PP es un partido al borde de un ataque de nervios, sin distinguir entre altos dirigentes y cargos de segunda fila. No hay más que ver la penosa comparecencia de la directora de la Agencia Tributaria, Beatriz Viana. De sus palabras se puede suponer que si alguien -no citó nominalmente a Bárcenas- hubiese asesinado a alguien, eso sería un delito y otra cosa los ajustes de sus declaraciones con la Agencia Tributaria; vamos, que la señora Viana acabó como la censura franquista en la película Mogambo: por encubrir una infidelidad matrimonial, convirtió la relación de los protagonistas en un incesto de padre y muy señor mío. El “no sé ni lo que he dicho” a micrófono abierto y la cara y los gestos de la Directora de Aduanas, sentada a su lado, eran inenarrables; es lo que tiene meterse en ciertos jardines: se intenta salvar la cara de quien la tiene más dura que el cemento y se acaba recibiendo una patada en el trasero de forma derivada. 

Desde el comienzo del “caso Bárcenas”, las personas que se encuentran en los puestos clave del PP han emprendido una huida hacia delante basada en la negación de sobornos y chanchullos de todo tipo, que con el paso de los días ha ido adquiriendo distintos prismas, porque ya decía Mark Twain que si dices la verdad no tendrás que acordarte de nada.  Y ya sabemos que los dirigentes del PP tienen una terrible mala memoria, que les ha llevado en numerosos casos -desde antes y durante las elecciones hasta su llegada al poder- a enmendarse la plana a ellos mismos, lo que ya es el colmo. Así que lo de Rajoy, diciendo tres veces -San Pedro redivivo- falso, a lo de “falso con alguna cosa que es cierta” es sólo cuestión de matices.  Y lo de Ana Mato, señalando que está separada de su marido desde el año 2000, aunque acudió con él a boda de la hija de Aznar en 2002 o mantuvo el régimen de bienes gananciales hasta el 2007, es prueba de que formaban una pareja moderna y la ruptura había sido amistosa. 

Mientras tanto,  el Vicesecretario de Organización del PP, Carlos Floriano, carga  contra todos (periodistas, partidos contrarios, elementos díscolos de su propia casa…) en la vieja táctica de matar al mensajero, con excepciones eso si; nada de prensa extranjera ni de noble señora que se alejó -espero que no como la marea que retrocede para volver como un tsunami de populismo despótico- de la primera línea de fuego.  Es uno de los miembros del partido que asume como suya la frase “no le puedo concretar” y habla constantemente de “realizar un ejercicio de transparencia” pero de forma colectiva; bueno, si al fin logra que se desnuden él, los suyos y los demás, quizás podamos los que hace tiempo estamos despojados, hallar remedio a nuestros males. 

En todo este asunto, las dos clandestinas comparecencias de Mariano Rajoy han sido patéticas La primera por circuito cerrado de TV y sin preguntas, tenía la puesta en escena de una república bananera; la segunda, al lado de la mujer que dicta nuestros destinos económicos, la escenografía de un presidente nervioso y confuso, doblegado ante la necesidad de caer simpático. Entre el falso, falso, falso de la primera y el falso con alguna cosa que es cierta de la segunda, don Mariano hizo bueno aquello -dando alas a los suyos- de que la verdad no tiene matices, pero la mentira, muchísimos. No es extraña la indignación de la sufrida ciudadanía  ante declaraciones de ingresos que se multiplican en tiempos de crisis y eso sin contar con los ahorros bajo el colchón y el registro de la propiedad durmiente.

A estas alturas de la película, teniendo en cuenta todo lo que está saliendo sobre la trama Gurtel y la figura de Bárcenas, yo cada vez más me acuerdo de Uno de los nuestros, historia de cómo ascender de la nada a la cumbre, retrato de ambición, lucha por el poder, lealtad y venganza. Al fin, como dice uno de los personajes, conviene no olvidar dos cosas, no traicionar a un amigo y no irse nunca de la lengua. 


domingo, 3 de febrero de 2013

De amigos y familiares


La historia, a veces, es un largo pasillo de ida y vuelta y según que circunstancias conviene darse un paseo por él.

Tras la muerte de Fernando VII, su viuda Mª Cristina, se casó morganáticamente, con Fernando Muñoz Sánchez al que concedería el título de Duque de Riansares. El marido de la Reina Regente, se metió de lleno en negocios de todo tipo vinculados con el mundo de la minería y el ferrocarril, donde firmó contratos sabrosísimos de explotación y obtuvo prebendas por concesiones, dirigiendo una red de especuladores, desde la que controló la adjudicación del ferrocarril de Langreo, las obras del puerto de Barcelona, las de canalización del Ebro o la construcción del puerto de Valencia; también se dedicó a especular con la sal y participó en beneficios derivados de la trata ilegal de esclavos, en los que figuraba la propia Regente. Sólo cinco años después de su matrimonio, el ennoblecido guardia de corps, había colocado y dignificado con títulos a gran parte de  su familia, controlaba un sinnúmero de sociedades encabezadas por otros tantos hombres de paja,  y tenía una fortuna cercana a los trescientos millones de reales, que sin contar con las devaluaciones y revalorizaciones, equivaldría hoy a 75 millones de pesetas o lo que es lo mismo, a 450.000 euros. Ante la  corrupción, Mª Cristina tuvo que renunciar a la regencia para salvar el trono de su hija, Isabel II, aunque ella y su marido, seguirían mangoneando desde la sombra.

A Isabel II, metida también en líos financieros junto a su esposo y primo, Francisco de Asís, tampoco le faltaron relaciones resbaladizas: su cuñado, Antonio María de Orleans, duque de Montpensier, aprovechó la ola desamortizadora para hacerse con un más que notable patrimonio territorial e inmobiliario; y en el curso de sus relaciones económicas y políticas tuvo tiempo para conspirar contra la reina y financiar una revolución; de hecho fue parte importante en el exilio de Isabel, aunque el tiro le salió por la culata cuando se vio relegado en el trono por Amadeo de Saboya y por el peso de la sospecha de haber participado en el complot para asesinar a Prim. Pero el de Orleans era desde luego un todo terreno: se congració con su familia política, se sumó a la Restauración, casó a su hija Mercedes con Alfonso XII y siguió siendo un próspero hombre de negocios.

La muerte de Alfonso XII y la larga minoría de Alfonso XIII, no ayudaron a cambiar las cosas y la alternancia de partidos propició el clientelismo político, el caciquismo y la corrupción desde los alcaldes hasta la cabeza de la nación. El propio Alfonso XIII, se metería en todo tipo de negocios y amistades peligrosas, cuyo vértice fue la guerra de Marruecos donde los niveles de sobornos y corruptelas ligados a los suministros a la tropa, se mezclaron con la sangre y la vida de los soldados. La comisión de investigación y el llamado “informe Picasso” se los llevaría por delante la dictadura de Primo de Rivera, que fue una salida de emergencia para el rey, aunque ya estaba tocado y hundido.

La República no pudo o no quiso (según los casos) enmendar la situación y la guerra civil, cerró en falso sobre las viejas corruptelas que como las epidemias recurrentes, rebrotaron durante la dictadura alrededor de políticos afectos al régimen, amigos y  familiares que se repartieron las sobras frente al cadáver del dictador.
Fue precisamente el hecho de que Franco se muriera en la cama, lo que nos hizo blanditos y comodones, hasta el punto de que salvo casos puntuales de fibra libertaria, dejamos que nos diseñaran una transición política a tono con los tiempos y nos insertaran en los genes  la convicción que por fin nos habíamos enganchado a la modernidad, y eso, a pesar de los años de plomo del terrorismo, los brotes neofascistas y los sustos cuarteleros; después, la entrada en la estructura política y económica de Europa y la consolidación del estado de bienestar, pareció darnos la seguridad de ser europeos cosmopolitas, capaces de superar la caspa y los complejos históricos. Pero entre la crisis y los bribones que nos rodean, no ganamos para disgustos.

Tenemos desde hace meses en lugares destacados de los medios de comunicación, el escándalo del duque de Palma (se ve que los Borbones no tienen suerte con los duques) que ha confundido lo público con lo privado, prostituido  su posición social y reunido en torno de sí a una corte de truhanes con los que intercambiaba favores monetarios y juegos de palabras de mal gusto; claro que en su descargo se puede decir que sólo siguió el dicho de donde fueres haz lo que vieres. La Jefatura del Estado, por muy monarquía constitucional que se denomine, la ocupa una persona que basa su derecho, en la sucesión natural de una dinastía histórica y no en el voto libre y directo de la ciudadanía española. Con el paso de los años, que no parecen haberle dado más sentido común, el Rey, olvidando la lección de sus antecesores, se ha rodeado con relativa frecuencia de amigos y actividades no muy recomendables, con la certeza de que la Constitución, en lo que se refiere a su responsabilidad y cierta simpatía borbónica (aquél “lo siento mucho, no volverá a pasar”) no le hace responsable de sus actos ni de los que le rodean.

Por si esto fuera poco, una sociedad aplastada por los recortes, los despidos, los ajustes y el apoyo a las grandes fortunas y, a los especuladores financieros y empresariales, ha visto como el poder de una mayoría absoluta se convierte en la práctica del absolutismo y se secuestran los votos obtenidos con engaños y trapacerías para gobernar (como si hubiéramos viajado en el tiempo) en beneficio de los privilegiados que están convencidos de que el fin justifica los medios

Los acontecimiento de los últimos días prueban esto de forma irrefutable. No cometerán la tontería de controlar toda la información y toda la protesta social, pero convencidos de que el sistema tiene que convertirse en una plutocracia, trabajarán por canalizar a su favor los medios de formación de ideas para impedir que la ciudadanía tenga conciencia de sus propios problemas y los resuelvan en beneficio de sus necesidades. Un ejemplo lo tenemos en salir agitando declaraciones de patrimonio e impuestos, como si en ellas hubiera un apartado que pusiera “ingresos irregulares”; otro ejemplo es acusar a quienes protestan, de ser agitadores contra el partido, España y la mismísima democracia. Todo vale para salvar su posición; ya lo decía Tony Montana: en este país lo primero que hay que tener es dinero; cuando tienes dinero tienes poder.

Después de tanto recorrido, como sociedad no podemos dejar que esa manera de pensar nos contagie y para no parecer pardillos busquemos la supervivencia frente a los más débiles; no podemos dejar que nuestro camino se estrelle contra un muro de corrupción y desvergüenza. Práxedes Mateo Sagasta, de larga experiencia presidencial y que anduvo incluso por el filo de la navaja, pensaba que cuando se cierran las puertas de la justicia se abren las de la revolución.

CODA: al menos el señor Álvarez Cascos, no es presidente del Principado de Asturias. 

domingo, 27 de enero de 2013

La crisis como liberación


Parafraseando a Tolstoi podría decir que los países felices son todos iguales pero los desgraciados lo son cada uno a su manera. En este reparto, al nuestro parece que en los últimos tiempos le ha mirado un tuerto. Y ya no se trata de la crisis enquistada ni de los millones de familias que cada día se levantan pensando no cómo van a salir adelante sino cómo van a lidiar el día.

De lo que se trata es de la imagen deplorable de quienes están de manera directa o indirecta en las esferas de responsabilidad, ofrecen a quienes sólo quieren su pan, su hembra y la fiesta en paz, como decía la canción.

Estos últimos días, leer la prensa, escuchar la radio, ver la televisión o entrar en Internet en busca de información, es un ejercicio de dureza extrema, prueba de resistencia de la indignación y test para medir la capacidad de paciencia antes de que estalle por los aires y sea sustituida por la ira, santa o no.

Este país –o sea, España camisa blanca de mi esperanza a veces madre y siempre madrastra-,  es una nación - diga lo que diga algún columnista de La Nueva España-, que en cuanto nos descuidamos, vuelve a vestirse con las galas imperiales que esconden la marrullería, la picaresca y el vivir a salto de mata; vamos que nada de soles soberanos que no se ponen nunca y sí mucho de lazarillos, buscones y pícaros en general.

Eso sí, no somos nada clasistas y repartimos por igual la trapacería; la única diferencia es que según los niveles, la importancia del embeleco es mayor o menor. Por supuesto que las saneadas cuentas suizas, las adjudicaciones a dedo o prediseñadas, las empresas para blanquear o desviar dinero negro, los sobres bajo manga, los sobresueldos que pagan identidades ficticias, visten mucho más, pero, ¿quién no se ha escaqueado del IVA?, ¿quién no ha buscado un enchufe para saltarse una lista de espera?, ¿quién no ha  ocupado una plaza de aparcamiento –con tarjetita y todo- de un minusválido?..  Y es que se comienza por aceptar una cesta de navidad y se acaba por construir un aeropuerto vacío de aviones y pasajeros para que entrene en sus pistas un joven piloto de coches.

¿No hay entonces personas honradas en nuestra piel de toro? Pues sí, bastantes más de las que se podría pensar, pero tratan de pasar desapercibidas. Han oído demasiadas veces como se las motejaba de pringadas, inocentes, pardillas y simples, por anteponer principios e integridad a cualquier atisbo de engaño; así que siguen adelante con su conciencia, confiando que algún día se ponga de moda ser honesto. A estas personas, debería referirse la diputada Andrea Fabra, cuando melena al viento desde su escaño en el Congreso, dijo aquello de “que se jodan”. Por cierto que está señora, es un ejemplo viviente de sagacidad familiar: carrerón imparable en el PP hasta sentar sus nalgas en el hemiciclo madrileño, hija de Carlos Fabra que fue la mente creativa del aeropuerto vacío de Castellón y, esposa de Juan José Güemes, ex consejero de Sanidad de Esperanza Aguirre, que encontraba con su cargo una oportunidad magnífica de hacer negocio en el ramo –dicho por él mismo-.

Somos un país peculiar; lo que Machado definió como de charanga y pandereta: a los reyes los subimos al cadalso pero sólo por un ratito y en efigie, llamamos El Deseado al badulaque más grande que ciñó la corona, los dictadores se nos mueren en la cama y los poetas sucumben ante un pelotón de fusilamiento, en la cárcel o en el exilio.  

Somos un país que por tener, tiene a un Presidente de Gobierno que llegó al poder jugando al despiste, a la malicia de las medias verdades y al engaño. Un ejemplo perfecto de pícaro, rodeado de una corte de pícaros, que se protegen unos a otros, para salvar más que la cara –que la tienen de cemento- las delicadas posaderas. Nada de que asombrarse: en Asturias donde alardeamos de prever las borrascas antes de que atraviesen Pajares, concedimos mando en plaza a quien juraba ser un neófito regenerador y no era más que  un desclasado de la política buscando venganza, acomodo económico y refugio ante más que posibles tormentas.

Estoy segura que no saldremos de esta crisis indemnes, pero espero que salgamos liberados: de la truhanería de cierta clase política; de la necedad de quien debería dar ejemplo de educación y moralidad (lo del duque consorte no tiene un pasar); de la desidia  de quien considera que sus derechos dinásticos están por encima de sus deberes como Jefe de Estado.

No, no saldremos indemnes, pero espero, como dijo Machado, que nazca otra España implacable y redentora…la España de la rabia y de la idea.