El 23 de Febrero de 2022, el peso de ciertas fechas se entrecruzan de una manera curiosa, Pablo Casado realizaba una intervención en el Congreso de los Diputados, que marcaba su final como presidente del PP; el día antes, había presentado su dimisión, el Secretario General, Teodoro García Egea, un hombre que era la sombra de Casado y que luchaba por el control del poder no sólo a nivel nacional sino y sobre todo en la Comunidad de Madrid, donde Isabel Díaz Ayuso, reforzada por las elecciones del año anterior, lideraba -con su jefe de gabinete al frente- el ala más extrema del partido. El choque entre García Egea, de verbo fácil y modales chulescos y Díaz Ayuso, con un estilo “à son maniere” pero que no iba más allá de modales chonis y poligoneros, se saldó con una crisis que hizo temblar a Génova 13, viendo como la “marca” perdía fuelle y Vox con Abascal al frente, ganaba posiciones.
Alberto Núñez Feijóo, hacia
el que se volvieron los barones como
Fernández Mañueco y Moreno Bonilla, abandonó la Xunta para convertirse en la
gran esperanza blanca del PP y poner orden. En toda guerra hay que pactar la
rendición, pero a Feijóo le interesaba que Casado le apoyara públicamente y, ser
elegido por los militantes en un Congreso -eso sí no por voto directo sino a
través de los delegados- convocado a tal efecto; la rendición estuvo teñida por
el sentido práctico.
En los cuatro años que
han pasado desde entonces, Núñez Feijóo como buen gallego, está en la duda
existencial de si sube o baja la escalera, pero yo creo que está procurando que
no lo derriben. Ya se sabe que no es el lápiz más afilado del estuche y su
nivel de mentiras, incoherencias, errores y lapsus, en vivo y en directo
producen hilaridad o vergüenza ajena. Por lo que respecta a los ciudadanos
-incluso los que le votan- y a sus posibles aliados de gobierno, desde luego
tiene claro que no usa la izquierda -la mano- para nada.
También en estos cuatro
años, Díaz Ayuso y quienes la rodean, han planeado sobre él, como pájaros de
mal agüero. La presidenta de Madrid es una narcisista con mimbres de
sociópata: Isabel Natividad tiene
dinero, tiene poder y ahora quiere seguir acumulando ambas cosas, al precio que
sea y por encima de quien sea… Por supuesto carece de empatía y de
remordimientos y le importan un bledo los sentimientos de los demás, como quedó
demostrado en la pandemia, rasgos que se han ido acrecentando con el paso del
tiempo. Un ejemplo de su personalidad es lo acontecido cuando en 2023, tras las
elecciones autonómicas y municipales, la cúpula del PP salió al balcón de la
sede de Génova, todos vestidos de blanco, salvo Isabel de rojo sangre,
sonriendo a quienes coreaban su nombre y el lema “que te vote Chapote”,
interrumpiendo el discurso de Feijóo. Solo le faltó acercarse al gallego, para
decirle “no es nada personal, son negocios”.
A partir de los casos de
corrupción protagonizados por algunas personas del PSOE, Feijóo y Ayuso, por
aquello de “mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos más cerca” y
partiendo de su enfrentamiento contra Pedro Sánchez, han asumido postulados
comunes como “la protección al no nacido” y la “ley de nietos”: en lo primero
Feijóo se ha comprometido si gobierna a realizar una ley nacional y, en lo
segundo, no ha tenido empacho en contradecirse a sí mismo. Ayuso ha seguido en
su línea, reflejándose en el espejo ultraderechista nacional e internacional,
sin ningún tipo de complejos. El baile por el poder, al igual que las
cervecitas, le gustan y de momento, acepta al compañero que le ha tocado.
Pero yo me pregunto si
todo esto no es una estrategia hacia el cambio de líder. Es cierto que los
barones territoriales aún recuerdan la guerra interna entre Pablo Casado e
Isabel Diaz Ayuso y no querrían una fractura similar, pero ahora las
circunstancias son otras y los pactos y acuerdos con Vox, allí donde gobiernan,
inclinan la balanza de una parte y ya se sabe que “en esta vida, no obtienes
lo que mereces, obtienes lo que negocias”. No haría falta acudir al “morbo
gótico” que funcionó con Casado, pero un lento desgaste de Feijóo, donde se
plantearía su incapacidad para alcanzar la Moncloa y que daría oxígeno al
Gobierno actual, podría ser la solución perfecta para que el sector más duro
del partido y que está anclado en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol,
buscara un relevo y Ayuso emergiera como la candidata natural. No hay porqué
asombrarse, es una nacional populista de libro, rodeada de quienes manejan la
desinformación, las mentiras mezcladas con verdades y el poder del dinero, como
auténticos expertos y que saben halagarla con lo que quiere oír y manejarla
para sus fines.
Ya decía Orwell en el
libro 1984, con quien don Alberto se hizo un precioso lío, “que ver lo que
tienes delante de los ojos exige un esfuerzo constante”. No podemos por
pereza o por desánimo hacia sus fallos y debilidades, perder los valores de la
democracia; debemos aumentar nuestra exigencia por el compromiso ético, la
justicia social y la defensa de las libertades que peligran, porque “la
verdad más difícil de ver es la que se halla a la vista de todos y no sabemos o
no queremos descubrirla”.




