martes, 14 de julio de 2026

Génova 13: la sombra del balcón

 


El 23 de Febrero de 2022, el peso de ciertas fechas se entrecruzan de una manera curiosa, Pablo Casado realizaba una intervención en el Congreso de los Diputados, que marcaba su final como presidente del PP; el día antes, había presentado su dimisión, el Secretario General, Teodoro García Egea, un hombre que era la sombra de Casado y que luchaba por el control del poder no sólo a nivel nacional sino y sobre todo en la Comunidad de Madrid, donde Isabel Díaz Ayuso, reforzada por las elecciones del año anterior, lideraba -con su jefe de gabinete al frente- el ala más extrema del partido. El choque entre García Egea, de verbo fácil y modales chulescos y Díaz Ayuso, con un estilo “à son maniere” pero que no iba más allá de modales chonis y poligoneros, se saldó con una crisis que hizo temblar a Génova 13, viendo como la “marca” perdía fuelle y Vox con Abascal al frente, ganaba posiciones.

Alberto Núñez Feijóo, hacia el que se volvieron los barones  como Fernández Mañueco y Moreno Bonilla, abandonó la Xunta para convertirse en la gran esperanza blanca del PP y poner orden. En toda guerra hay que pactar la rendición, pero a Feijóo le interesaba que Casado le apoyara públicamente y, ser elegido por los militantes en un Congreso -eso sí no por voto directo sino a través de los delegados- convocado a tal efecto; la rendición estuvo teñida por el sentido práctico.

En los cuatro años que han pasado desde entonces, Núñez Feijóo como buen gallego, está en la duda existencial de si sube o baja la escalera, pero yo creo que está procurando que no lo derriben. Ya se sabe que no es el lápiz más afilado del estuche y su nivel de mentiras, incoherencias, errores y lapsus, en vivo y en directo producen hilaridad o vergüenza ajena. Por lo que respecta a los ciudadanos -incluso los que le votan- y a sus posibles aliados de gobierno, desde luego tiene claro que no usa la izquierda -la mano- para nada.

También en estos cuatro años, Díaz Ayuso y quienes la rodean, han planeado sobre él, como pájaros de mal agüero. La presidenta de Madrid es una narcisista con mimbres de sociópata:  Isabel Natividad tiene dinero, tiene poder y ahora quiere seguir acumulando ambas cosas, al precio que sea y por encima de quien sea… Por supuesto carece de empatía y de remordimientos y le importan un bledo los sentimientos de los demás, como quedó demostrado en la pandemia, rasgos que se han ido acrecentando con el paso del tiempo. Un ejemplo de su personalidad es lo acontecido cuando en 2023, tras las elecciones autonómicas y municipales, la cúpula del PP salió al balcón de la sede de Génova, todos vestidos de blanco, salvo Isabel de rojo sangre, sonriendo a quienes coreaban su nombre y el lema “que te vote Chapote”, interrumpiendo el discurso de Feijóo. Solo le faltó acercarse al gallego, para decirle “no es nada personal, son negocios”.

A partir de los casos de corrupción protagonizados por algunas personas del PSOE, Feijóo y Ayuso, por aquello de “mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos más cerca” y partiendo de su enfrentamiento contra Pedro Sánchez, han asumido postulados comunes como “la protección al no nacido” y la “ley de nietos”: en lo primero Feijóo se ha comprometido si gobierna a realizar una ley nacional y, en lo segundo, no ha tenido empacho en contradecirse a sí mismo. Ayuso ha seguido en su línea, reflejándose en el espejo ultraderechista nacional e internacional, sin ningún tipo de complejos. El baile por el poder, al igual que las cervecitas, le gustan y de momento, acepta al compañero que le ha tocado.

Pero yo me pregunto si todo esto no es una estrategia hacia el cambio de líder. Es cierto que los barones territoriales aún recuerdan la guerra interna entre Pablo Casado e Isabel Diaz Ayuso y no querrían una fractura similar, pero ahora las circunstancias son otras y los pactos y acuerdos con Vox, allí donde gobiernan, inclinan la balanza de una parte y ya se sabe que “en esta vida, no obtienes lo que mereces, obtienes lo que negocias”. No haría falta acudir al “morbo gótico” que funcionó con Casado, pero un lento desgaste de Feijóo, donde se plantearía su incapacidad para alcanzar la Moncloa y que daría oxígeno al Gobierno actual, podría ser la solución perfecta para que el sector más duro del partido y que está anclado en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol, buscara un relevo y Ayuso emergiera como la candidata natural. No hay porqué asombrarse, es una nacional populista de libro, rodeada de quienes manejan la desinformación, las mentiras mezcladas con verdades y el poder del dinero, como auténticos expertos y que saben halagarla con lo que quiere oír y manejarla para sus fines.

Ya decía Orwell en el libro 1984, con quien don Alberto se hizo un precioso lío, “que ver lo que tienes delante de los ojos exige un esfuerzo constante”. No podemos por pereza o por desánimo hacia sus fallos y debilidades, perder los valores de la democracia; debemos aumentar nuestra exigencia por el compromiso ético, la justicia social y la defensa de las libertades que peligran, porque “la verdad más difícil de ver es la que se halla a la vista de todos y no sabemos o no queremos descubrirla”.

viernes, 9 de enero de 2026

El invierno se acerca

El año ha terminado y comenzado con días cortos, oscuridad, frío y lluvia; es la lógica del tiempo atmosférico pero en la primera semana de enero la oscuridad se ha hecho más profunda... Desde que el mundo dejó atrás la Segunda Guerra Mundial y abrió el paso a otros conflictos en distintos países, hemos tenido gobernantes malvados y hemos tenido gobernantes idiotas, pero nunca habíamos tenido un gobernante malvado e idiota y esto claro, es muy peligroso, especialmente cuando ese gobernante tiene poder político, económico y armamentístico.

No soy una experta en lenguaje gestual, pero tampoco lo necesito. Observar a Donald Trump en cualquier acto público, es saber quien es el presidente de los Estados Unidos:


  • es un narcisista que hace ostentación de su riqueza y disfruta con la admiración de los que  rodean, piensa que el mundo gira en torno a él y es un "showman" que necesita las cámaras a su alrededor y sabe la influencia que tienen, al igual que las redes sociales 
  • es un megalómano que está convencido de que tiene el poder y el derecho de cambiar la vida de los demás a su gusto
  • es un manipulador o lo que en política se llama un populista: discursos con ideas poco definidas pero repletas de frases grandilocuentes, que calan perfectamente en personas desencantadas con otros gobernantes y que con los pies fríos y la cabeza caliente, aceptan con total entusiasmo proclamas estridentes que les refuerzan contra lo considerado peligroso como el feminismo, la población migrante...
  • es un racista y un xenófobo de libro y marca claramente la frontera entre "los suyos " y "los demás"
  • es autoritario, prepotente y arrogante y son numerosas las ocasiones en que lo ha demostrado con colaboradores, políticos tanto norteamericanos como de otros países o periodistas a quienes trata como a "inferiores"
  • es un misógino y sus comentarios son directamente ofensivos: nos considera a las mujeres, inferiores e incapaces, encasillándonos en roles de sumisión
  • es un individuo que carece de empatía y se apoya en prejuicios y estereotipos, mostrando un rostro insensible, grosero e intolerante
  • es agresivo y ello se ve claramente en la política que lleva a cabo y en su discurso, basado en la fuerza militar de los Estados Unidos para obtener lo que quiere, sea poder territorial y económico 
  • es un fanático que impone su manera de pensar sin que le importen los resultados y ello se ve con claridad en la deriva de los últimos días y que sin duda está dispuesto a convertirse en el líder de los caudillos menores que gobiernen con mano de hierro otros países o en pequeños y ambiciosos personajes políticos ansiosos también de poder

Ante todo ello ¿qué podemos esperar? Nada de los sensatos norteamericanos que parecen pájaros sometidos a la hipnosis de una serpiente y ahora parecen intentar escapar a su influjo, pero quizás demasiado tarde; nada de los dirigentes y la clase política que se une al matón del barrio o le entregan sus objetos de más valor para salvarse de los golpes; nada de las instituciones que deberían ser garantes de la democracia y la libertad.

La ONU, aunque esté debilitada por el el derecho de veto de los Estados Unidos, no puede dejarse amordazar, al igual que la Unión Europea, a pesar de las amenazas y de los insultos. El siglo XXI, con todos los altibajos vividos o quizás por ello, no puede ser una triste repetición de los dolorosos sucesos del siglo XX. 

Recuerdo ahora las palabras de Winston Churchill, refiriéndose a la política de Hitler y a la cachazuda respuesta de las potencias europeas a sus desmanes: "aceptasteis la indignidad para no tener guerra y ahora tenéis indignidad y guerra". No quisiera tener que repetirlas en un triste ya os lo dije, cuando no haya remedio. Toca decir basta, toca parar los pies a este individuo malvado e idiota. 

Parafraseando a Albert Camus debemos aprender que en lo más crudo del invierno, debemos  luchar por un verano esplendoroso.