domingo, 10 de febrero de 2013

Uno de los nuestros


El PP es un partido al borde de un ataque de nervios, sin distinguir entre altos dirigentes y cargos de segunda fila. No hay más que ver la penosa comparecencia de la directora de la Agencia Tributaria, Beatriz Viana. De sus palabras se puede suponer que si alguien -no citó nominalmente a Bárcenas- hubiese asesinado a alguien, eso sería un delito y otra cosa los ajustes de sus declaraciones con la Agencia Tributaria; vamos, que la señora Viana acabó como la censura franquista en la película Mogambo: por encubrir una infidelidad matrimonial, convirtió la relación de los protagonistas en un incesto de padre y muy señor mío. El “no sé ni lo que he dicho” a micrófono abierto y la cara y los gestos de la Directora de Aduanas, sentada a su lado, eran inenarrables; es lo que tiene meterse en ciertos jardines: se intenta salvar la cara de quien la tiene más dura que el cemento y se acaba recibiendo una patada en el trasero de forma derivada. 

Desde el comienzo del “caso Bárcenas”, las personas que se encuentran en los puestos clave del PP han emprendido una huida hacia delante basada en la negación de sobornos y chanchullos de todo tipo, que con el paso de los días ha ido adquiriendo distintos prismas, porque ya decía Mark Twain que si dices la verdad no tendrás que acordarte de nada.  Y ya sabemos que los dirigentes del PP tienen una terrible mala memoria, que les ha llevado en numerosos casos -desde antes y durante las elecciones hasta su llegada al poder- a enmendarse la plana a ellos mismos, lo que ya es el colmo. Así que lo de Rajoy, diciendo tres veces -San Pedro redivivo- falso, a lo de “falso con alguna cosa que es cierta” es sólo cuestión de matices.  Y lo de Ana Mato, señalando que está separada de su marido desde el año 2000, aunque acudió con él a boda de la hija de Aznar en 2002 o mantuvo el régimen de bienes gananciales hasta el 2007, es prueba de que formaban una pareja moderna y la ruptura había sido amistosa. 

Mientras tanto,  el Vicesecretario de Organización del PP, Carlos Floriano, carga  contra todos (periodistas, partidos contrarios, elementos díscolos de su propia casa…) en la vieja táctica de matar al mensajero, con excepciones eso si; nada de prensa extranjera ni de noble señora que se alejó -espero que no como la marea que retrocede para volver como un tsunami de populismo despótico- de la primera línea de fuego.  Es uno de los miembros del partido que asume como suya la frase “no le puedo concretar” y habla constantemente de “realizar un ejercicio de transparencia” pero de forma colectiva; bueno, si al fin logra que se desnuden él, los suyos y los demás, quizás podamos los que hace tiempo estamos despojados, hallar remedio a nuestros males. 

En todo este asunto, las dos clandestinas comparecencias de Mariano Rajoy han sido patéticas La primera por circuito cerrado de TV y sin preguntas, tenía la puesta en escena de una república bananera; la segunda, al lado de la mujer que dicta nuestros destinos económicos, la escenografía de un presidente nervioso y confuso, doblegado ante la necesidad de caer simpático. Entre el falso, falso, falso de la primera y el falso con alguna cosa que es cierta de la segunda, don Mariano hizo bueno aquello -dando alas a los suyos- de que la verdad no tiene matices, pero la mentira, muchísimos. No es extraña la indignación de la sufrida ciudadanía  ante declaraciones de ingresos que se multiplican en tiempos de crisis y eso sin contar con los ahorros bajo el colchón y el registro de la propiedad durmiente.

A estas alturas de la película, teniendo en cuenta todo lo que está saliendo sobre la trama Gurtel y la figura de Bárcenas, yo cada vez más me acuerdo de Uno de los nuestros, historia de cómo ascender de la nada a la cumbre, retrato de ambición, lucha por el poder, lealtad y venganza. Al fin, como dice uno de los personajes, conviene no olvidar dos cosas, no traicionar a un amigo y no irse nunca de la lengua. 


domingo, 3 de febrero de 2013

De amigos y familiares


La historia, a veces, es un largo pasillo de ida y vuelta y según que circunstancias conviene darse un paseo por él.

Tras la muerte de Fernando VII, su viuda Mª Cristina, se casó morganáticamente, con Fernando Muñoz Sánchez al que concedería el título de Duque de Riansares. El marido de la Reina Regente, se metió de lleno en negocios de todo tipo vinculados con el mundo de la minería y el ferrocarril, donde firmó contratos sabrosísimos de explotación y obtuvo prebendas por concesiones, dirigiendo una red de especuladores, desde la que controló la adjudicación del ferrocarril de Langreo, las obras del puerto de Barcelona, las de canalización del Ebro o la construcción del puerto de Valencia; también se dedicó a especular con la sal y participó en beneficios derivados de la trata ilegal de esclavos, en los que figuraba la propia Regente. Sólo cinco años después de su matrimonio, el ennoblecido guardia de corps, había colocado y dignificado con títulos a gran parte de  su familia, controlaba un sinnúmero de sociedades encabezadas por otros tantos hombres de paja,  y tenía una fortuna cercana a los trescientos millones de reales, que sin contar con las devaluaciones y revalorizaciones, equivaldría hoy a 75 millones de pesetas o lo que es lo mismo, a 450.000 euros. Ante la  corrupción, Mª Cristina tuvo que renunciar a la regencia para salvar el trono de su hija, Isabel II, aunque ella y su marido, seguirían mangoneando desde la sombra.

A Isabel II, metida también en líos financieros junto a su esposo y primo, Francisco de Asís, tampoco le faltaron relaciones resbaladizas: su cuñado, Antonio María de Orleans, duque de Montpensier, aprovechó la ola desamortizadora para hacerse con un más que notable patrimonio territorial e inmobiliario; y en el curso de sus relaciones económicas y políticas tuvo tiempo para conspirar contra la reina y financiar una revolución; de hecho fue parte importante en el exilio de Isabel, aunque el tiro le salió por la culata cuando se vio relegado en el trono por Amadeo de Saboya y por el peso de la sospecha de haber participado en el complot para asesinar a Prim. Pero el de Orleans era desde luego un todo terreno: se congració con su familia política, se sumó a la Restauración, casó a su hija Mercedes con Alfonso XII y siguió siendo un próspero hombre de negocios.

La muerte de Alfonso XII y la larga minoría de Alfonso XIII, no ayudaron a cambiar las cosas y la alternancia de partidos propició el clientelismo político, el caciquismo y la corrupción desde los alcaldes hasta la cabeza de la nación. El propio Alfonso XIII, se metería en todo tipo de negocios y amistades peligrosas, cuyo vértice fue la guerra de Marruecos donde los niveles de sobornos y corruptelas ligados a los suministros a la tropa, se mezclaron con la sangre y la vida de los soldados. La comisión de investigación y el llamado “informe Picasso” se los llevaría por delante la dictadura de Primo de Rivera, que fue una salida de emergencia para el rey, aunque ya estaba tocado y hundido.

La República no pudo o no quiso (según los casos) enmendar la situación y la guerra civil, cerró en falso sobre las viejas corruptelas que como las epidemias recurrentes, rebrotaron durante la dictadura alrededor de políticos afectos al régimen, amigos y  familiares que se repartieron las sobras frente al cadáver del dictador.
Fue precisamente el hecho de que Franco se muriera en la cama, lo que nos hizo blanditos y comodones, hasta el punto de que salvo casos puntuales de fibra libertaria, dejamos que nos diseñaran una transición política a tono con los tiempos y nos insertaran en los genes  la convicción que por fin nos habíamos enganchado a la modernidad, y eso, a pesar de los años de plomo del terrorismo, los brotes neofascistas y los sustos cuarteleros; después, la entrada en la estructura política y económica de Europa y la consolidación del estado de bienestar, pareció darnos la seguridad de ser europeos cosmopolitas, capaces de superar la caspa y los complejos históricos. Pero entre la crisis y los bribones que nos rodean, no ganamos para disgustos.

Tenemos desde hace meses en lugares destacados de los medios de comunicación, el escándalo del duque de Palma (se ve que los Borbones no tienen suerte con los duques) que ha confundido lo público con lo privado, prostituido  su posición social y reunido en torno de sí a una corte de truhanes con los que intercambiaba favores monetarios y juegos de palabras de mal gusto; claro que en su descargo se puede decir que sólo siguió el dicho de donde fueres haz lo que vieres. La Jefatura del Estado, por muy monarquía constitucional que se denomine, la ocupa una persona que basa su derecho, en la sucesión natural de una dinastía histórica y no en el voto libre y directo de la ciudadanía española. Con el paso de los años, que no parecen haberle dado más sentido común, el Rey, olvidando la lección de sus antecesores, se ha rodeado con relativa frecuencia de amigos y actividades no muy recomendables, con la certeza de que la Constitución, en lo que se refiere a su responsabilidad y cierta simpatía borbónica (aquél “lo siento mucho, no volverá a pasar”) no le hace responsable de sus actos ni de los que le rodean.

Por si esto fuera poco, una sociedad aplastada por los recortes, los despidos, los ajustes y el apoyo a las grandes fortunas y, a los especuladores financieros y empresariales, ha visto como el poder de una mayoría absoluta se convierte en la práctica del absolutismo y se secuestran los votos obtenidos con engaños y trapacerías para gobernar (como si hubiéramos viajado en el tiempo) en beneficio de los privilegiados que están convencidos de que el fin justifica los medios

Los acontecimiento de los últimos días prueban esto de forma irrefutable. No cometerán la tontería de controlar toda la información y toda la protesta social, pero convencidos de que el sistema tiene que convertirse en una plutocracia, trabajarán por canalizar a su favor los medios de formación de ideas para impedir que la ciudadanía tenga conciencia de sus propios problemas y los resuelvan en beneficio de sus necesidades. Un ejemplo lo tenemos en salir agitando declaraciones de patrimonio e impuestos, como si en ellas hubiera un apartado que pusiera “ingresos irregulares”; otro ejemplo es acusar a quienes protestan, de ser agitadores contra el partido, España y la mismísima democracia. Todo vale para salvar su posición; ya lo decía Tony Montana: en este país lo primero que hay que tener es dinero; cuando tienes dinero tienes poder.

Después de tanto recorrido, como sociedad no podemos dejar que esa manera de pensar nos contagie y para no parecer pardillos busquemos la supervivencia frente a los más débiles; no podemos dejar que nuestro camino se estrelle contra un muro de corrupción y desvergüenza. Práxedes Mateo Sagasta, de larga experiencia presidencial y que anduvo incluso por el filo de la navaja, pensaba que cuando se cierran las puertas de la justicia se abren las de la revolución.

CODA: al menos el señor Álvarez Cascos, no es presidente del Principado de Asturias. 

domingo, 27 de enero de 2013

La crisis como liberación


Parafraseando a Tolstoi podría decir que los países felices son todos iguales pero los desgraciados lo son cada uno a su manera. En este reparto, al nuestro parece que en los últimos tiempos le ha mirado un tuerto. Y ya no se trata de la crisis enquistada ni de los millones de familias que cada día se levantan pensando no cómo van a salir adelante sino cómo van a lidiar el día.

De lo que se trata es de la imagen deplorable de quienes están de manera directa o indirecta en las esferas de responsabilidad, ofrecen a quienes sólo quieren su pan, su hembra y la fiesta en paz, como decía la canción.

Estos últimos días, leer la prensa, escuchar la radio, ver la televisión o entrar en Internet en busca de información, es un ejercicio de dureza extrema, prueba de resistencia de la indignación y test para medir la capacidad de paciencia antes de que estalle por los aires y sea sustituida por la ira, santa o no.

Este país –o sea, España camisa blanca de mi esperanza a veces madre y siempre madrastra-,  es una nación - diga lo que diga algún columnista de La Nueva España-, que en cuanto nos descuidamos, vuelve a vestirse con las galas imperiales que esconden la marrullería, la picaresca y el vivir a salto de mata; vamos que nada de soles soberanos que no se ponen nunca y sí mucho de lazarillos, buscones y pícaros en general.

Eso sí, no somos nada clasistas y repartimos por igual la trapacería; la única diferencia es que según los niveles, la importancia del embeleco es mayor o menor. Por supuesto que las saneadas cuentas suizas, las adjudicaciones a dedo o prediseñadas, las empresas para blanquear o desviar dinero negro, los sobres bajo manga, los sobresueldos que pagan identidades ficticias, visten mucho más, pero, ¿quién no se ha escaqueado del IVA?, ¿quién no ha buscado un enchufe para saltarse una lista de espera?, ¿quién no ha  ocupado una plaza de aparcamiento –con tarjetita y todo- de un minusválido?..  Y es que se comienza por aceptar una cesta de navidad y se acaba por construir un aeropuerto vacío de aviones y pasajeros para que entrene en sus pistas un joven piloto de coches.

¿No hay entonces personas honradas en nuestra piel de toro? Pues sí, bastantes más de las que se podría pensar, pero tratan de pasar desapercibidas. Han oído demasiadas veces como se las motejaba de pringadas, inocentes, pardillas y simples, por anteponer principios e integridad a cualquier atisbo de engaño; así que siguen adelante con su conciencia, confiando que algún día se ponga de moda ser honesto. A estas personas, debería referirse la diputada Andrea Fabra, cuando melena al viento desde su escaño en el Congreso, dijo aquello de “que se jodan”. Por cierto que está señora, es un ejemplo viviente de sagacidad familiar: carrerón imparable en el PP hasta sentar sus nalgas en el hemiciclo madrileño, hija de Carlos Fabra que fue la mente creativa del aeropuerto vacío de Castellón y, esposa de Juan José Güemes, ex consejero de Sanidad de Esperanza Aguirre, que encontraba con su cargo una oportunidad magnífica de hacer negocio en el ramo –dicho por él mismo-.

Somos un país peculiar; lo que Machado definió como de charanga y pandereta: a los reyes los subimos al cadalso pero sólo por un ratito y en efigie, llamamos El Deseado al badulaque más grande que ciñó la corona, los dictadores se nos mueren en la cama y los poetas sucumben ante un pelotón de fusilamiento, en la cárcel o en el exilio.  

Somos un país que por tener, tiene a un Presidente de Gobierno que llegó al poder jugando al despiste, a la malicia de las medias verdades y al engaño. Un ejemplo perfecto de pícaro, rodeado de una corte de pícaros, que se protegen unos a otros, para salvar más que la cara –que la tienen de cemento- las delicadas posaderas. Nada de que asombrarse: en Asturias donde alardeamos de prever las borrascas antes de que atraviesen Pajares, concedimos mando en plaza a quien juraba ser un neófito regenerador y no era más que  un desclasado de la política buscando venganza, acomodo económico y refugio ante más que posibles tormentas.

Estoy segura que no saldremos de esta crisis indemnes, pero espero que salgamos liberados: de la truhanería de cierta clase política; de la necedad de quien debería dar ejemplo de educación y moralidad (lo del duque consorte no tiene un pasar); de la desidia  de quien considera que sus derechos dinásticos están por encima de sus deberes como Jefe de Estado.

No, no saldremos indemnes, pero espero, como dijo Machado, que nazca otra España implacable y redentora…la España de la rabia y de la idea.

viernes, 11 de enero de 2013

Doce meses en Asturias entre dos discursos de fin de año


Hace un año escribía en este mismo foro sobre la cosa pública, al comentar el discurso del entonces presidente de Asturias, Álvarez Cascos. Aquel discurso, oscilando entre la diatriba y el sermón moral, estaba vacío de contenido y disfrazado de tierra milenaria, fuego regenerador y patria común, que me retrotrajo a otro don Francisco y a otros fines de año.

Apenas 30 días después, el docto magister que nos regañaba (a la ciudadanía asturiana) por no saber estar a la altura de las circunstancias y nos daba lecciones de cómo actuar, convocaba elecciones anticipadas porque no le dejaban hacer lo que le daba la gana y era incapaz de ponerse de acuerdo con nadie, dejando  a Asturias a los pies de los caballos de sus antiguos aliados y ahora declarados enemigos. Paco Cascos, sin programa, sin ideas y sin gobierno (los consejeros y consejeras no decían nada, ni movían un papel que no hubiera visado el Jefe), gritó aquello de “conmigo o contra mí” y se lanzó como el General de un comando suicida que era consciente del coste en bajas, pero al que no le importaba nada salvo su propia venganza; cosa que demostró de forma cumplida en las semanas siguientes hasta las elecciones, donde la campaña por el voto y el ¡sálvese el que pueda!, de su alegre muchachada llevó a la región a la parálisis casi total, que no lo fue, gracias a la labor de los trabajadores de la administración (clase hoy denigrada y maldita) que mantuvieron las cosas del día a día.

Entonces, se demostró de forma clara que no hay nada más peligroso que un camión de cuatro ejes, a toda velocidad por una autopista, esquivando o chocando, según los casos, contra todo lo que viene en dirección contraria; y encima creyendo que los que vienen mal son los otros y sacando la cabeza de la cabina para insultar. El espectáculo sería patético tras la elecciones, con recursos sobre votos emigrantes –hay que ganar sí o sí-, y claramente risible en aquellos encuentros con el enemigo, sin mirarse, y comparecencias ante la prensa donde no se decía nada tras una intensa verborrea o donde la mal llamada canallesca, parecía  tener algún problema de audición por lo alto que se hablaba o lo mucho que se silabeaba y que al fin como en el poema cervantino … incontinente/caló el chapeo, requirió la espada/miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

Álvarez Cascos, volvería por sus fueros en el discurso durante la toma de posesión de Javier Fernández como Presidente de Asturias: podría haber tenido la elegancia de mantenerse en un segundo plano, pero no lo hizo, y lo que se escuchó fue una perorata grandilocuente teñida de rencor, donde salieron a flote todas sus fobias y prejuicios, sin agradecimientos para nadie, salvo para él mismo, incomprendido y agraviado.  Los meses que han seguido hasta la fecha han dejado la evidencia de que FAC trasmutado en Foro Asturias, no es más que la sombra alargada de un pequeño dictador que sigue en la Junta General, dominado por su contumaz –o yo o el caos- y controlando los hilos de las marionetas que maneja desde la oscuridad y que siguen lanzando –Coto dixit- inmundicias en todas direcciones para tapar su propia incapacidad y disimular sobre las bombas programadas que fueron dejando colocadas en su brevísima etapa de gobierno.
 
En ese mismo acto, el de su investidura, Javier Fernández, enfocó un discurso de muy distinto calado: de agradecimiento a los presentes, a quienes le habían precedido (incluido el huraño saliente) y a quien le abrió los ojos a la vida y a los ideales; un discurso donde habló de construir, de consensuar y de caminar con un sentido claro de donde se quiere ir. Estaba en las antípodas de su antecesor, como ahora, al finalizar el año, lo sigue estando: ha sido un discurso breve, propio de quien le gustan más los hechos que las palabras, alejado de “la pompa y la impostura”, anclado en la realidad –que no le gusta pero la afronta- y alentando “el consenso, no la división ni la fractura”, convocando a todos los asturianos –los de dentro y los de fuera- y reviviendo la Asturias que en los peores momentos ha dado la cara, pero que esta vez, dispuesta a hacerlo, no va a dejar que la olviden y la marginen.

Desde luego, los meses que lleva gobernando el equipo de Javier Fernández no han sido fáciles, con problemas y desencuentros, pero hay voluntad de trabajar, y sacar adelante a la región; el haber logrado aprobar un Presupuesto que sirva para gestionar los recursos, la búsqueda de un pacto social y el consejo y asesoramiento de personas expertas en distintas materias, pueden ser tres firmes apoyos para romper con la inercia y la desgana y lograr una Asturias no perfecta sino mejor, como afirmó el Presidente, en toma de posesión. Eso, y aprender de los errores pasados (como lección política) y de las meteduras de pata (entrando con rapidez al quite) del gobernar en el día a día; eso y enormes dosis de sentido común. 





viernes, 7 de diciembre de 2012

La vida según Oscar Niemeyer


Decía Rochefocucaud, “que los espíritus mediocres condenan generalmente todo aquello que no está a su alcance”; parafraseando al célebre creador de aforismos, yo diría que la sombra de los espíritus mezquinos se construye con la envidia y con el odio.

Lo más terrible de estos personajes, sin embargo, es que no saben separar una crítica constructiva de sus fobias; alguien puede levantar, escribir o componer una obra llena de armonía, plena de luz, pletórica de simetría, y estos personajes verán en ella discordancia, oscuridad y desigualdad. Porque hay hombres que construyen plazas abiertas para todos los hombres y mujeres del mundo y hay individuos que ven caer el telón de acero otra vez sobre Europa. Y como decía Borges, “hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos”.

Cualquiera, atrincherado entre líneas, a la vuelta de cualquier hoja de periódico, carga su arma y dispara contra todo lo que no corresponda con su idea del mundo; y no le importa las víctimas que cause, incluida la verdad o la belleza, si satisface su idea de la conspiración universal, mientras su brazo se eleva peligrosamente hacia el saludo romano.

Yo creo que lo mejor es seguir el consejo de  Oscar Niemeyer: el trabajo me distrae. A mi edad, más vale estar ocupado para no pasar el tiempo pensando en tonterías.




domingo, 25 de noviembre de 2012

Los test y la memoria del señor Neira


Ayer, la lectura de La Nueva España, me pilló en un pueblín  de los que pisó Jovellanos y sin acceso a las NNTT, así que Javier Neira disculpará que haga un comentario al test que realizó en su columna, cuando las hojas del periódico -que ya no envuelven pescado- están camino del reciclaje.

Los test sirven para probar los conocimientos en la materia que aborden, sea automovilística o histórica y, si se entrecruzan los datos, la eficacia del test queda tocada; si a ello sumamos que la memoria es dúctil según nuestros intereses, filias y fobias, el test se hunde definitivamente.

Cómo no conduzco y uso el transporte público, me importa muy poco en que vehículos se mueve la clase política, siempre que la conducción sea firme y segura, pero para las cosas de la memoria, en mí, se produce una curiosa ambivalencia: para los pequeños detalles soy la personificación del despiste, pero para las cosas importantes tengo una memoria de elefante.

Estuve en aquella macromanifestación del 12 de Marzo de 2004 -entre “las bandas progresistas”- y si cierro los ojos, mis recuerdos asoman con fuerza: la lluvia cayendo incansablemente, que se mezclaba con mis lágrimas, el dolor que me apretaba el corazón, la evocación de unas horas antes cuando me subí al tren para ir a mi trabajo y el profundo silencio que había en el vagón y sobre todo, el momento en que mi voz se unió a miles de voces gritando asesinos, asesinos, asesinos, sin la menor tregua, como bien dice el señor Neira, aunque equivoca el objeto de la rabia que impulsó aquél grito. Lo del Phaeton imperial bajo el aguacero, con una privilegiada alejándose de las masas populares, la verdad ni lo vi, ni lo recuerdo, pero me parece una imagen demasiado cinematográfica para ser real. Tan cinematográfica como que yo dijera -puesto que me casaba en Agosto- que la sangre de aquellos inocentes manchó mi vestido de novia.

Javier Neira, debería reconocer que en el mundo del periodismo -aunque sea una columna de opinión- conviene no confundir el rigor con los deseos ni hacer que la verdad te estropee una buena noticia. En esto de las barricadas políticas e intelectuales, conviene tener las cosas claras y no andar saltando de un parapeto a otro, porque en una de éstas, el fuego amigo se puede cruzar en tu destino. Hace algunos años, transmití al señor Neira, en una carta abierta, que tenía muy clara cual era mi posición en algunos temas que consideraba básicos y si él sabía donde estaba la suya. La carta nunca se llegó a publicar y don Javier me dio la callada por respuesta. A día de hoy, su columna de Cien Líneas, ha ido evolucionando de tal manera, que su posición en el parapeto es cuando menos complicada: tiene muy claro cual es el odiado enemigo y las tácticas a lo Goebbels que debe utilizar, pero no sabe que amigos elegir, y puesto que éstos tienen su propia guerra, hay muchas posibilidades de que alguna bala perdida le alcance, sobre todo si ciertos generales están al mando de la tropa.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Pagar con sangre


Cuando Luis XVI, buscaba una salida a la complicada situación económica de Francia, sus sucesivos ministros de Hacienda, le aconsejaron -ya que las clases populares estaban en la pobreza más extrema- cobrar impuestos a los privilegiados, cosa que fracasó ante el rotundo rechazo de la nobleza y el clero; se cuenta que el Rey ante esa postura y no queriendo desagradar a sus cortesanos, señaló que los tributos a la Hacienda Pública habían sido siempre deber del tercer estado, y como respuesta se oyó una voz decir “entonces señor, os pagarán en sangre”.

Desde luego hoy estamos lejos de las monarquías absolutas, pero parece que una combinación de intereses políticos, absolutas mayorías y entramados financieros, está consiguiendo que la sangre sea otra vez moneda de pago.

Los bancos que durante años han jugado con el dinero de sus clientes -en algún caso con engaños- que han repartido dividendos de forma caudalosa en juntas multitudinarias, que han convertido a sus directivos en Cresos de sueldos meteóricos y pensiones millonarias,  quieren ahora marcharse con el santo y la peana, consiguiendo que les rescaten de su mala gestión y recuperando el dinero prestado a cualquier precio.

Que no tienen propósito de enmienda lo confirma el hecho de que hace días una de esas entidades (Bankia), ofrecía a uno de sus clientes -que no lo había solicitado- un crédito de 30.000 euros para lo que necesitara. Es cierto que el cliente tiene nómina domiciliada, y un poco de dinero a plazo fijo, pero también una hipoteca y un trabajo de funcionario interino, que con la que está cayendo no es garantía de nada. El cliente que es sensato, tuvo a bien  no aceptarlo y no acordarse de los antepasados de la política de empresa. Imagino que si el cliente hubiera aceptado y pasado un tiempo las tornas hubiesen cambiado, lo del trato preferencial que le ofrecían habría tomado otros derroteros mucho menos amables.

Se pueden poner muchos ejemplos del grado de desesperanza al que se está llevando a una buena parte de la ciudadanía de este país, que cuando pensaba que había alcanzado un nivel de desarrollo conforme con su trabajo y el tiempo histórico que le ha tocado vivir, se encuentra ocupando la base de la pirámide social que algunos se empeñan en levantar otra vez. Pero si lo anterior es absolutamente intolerable, lo que resulta inadmisible, es que los engranajes de una maquinaria deshumanizada, atrapen entre sus fauces y destruyan a personas a las que en su momento se les dibujó un mundo perfecto y a quienes ahora se vuelve la espalda sin compasión, llevándolas a un callejón sin salida, desahuciando su esperanza y abocándolas a la absoluta desesperación de pagar con su sangre.

Los bancos (haute noblesse hasta hace bien poco) no suelen tener conciencia, pero deberían recordar que cuando Luis XVI, preguntó al conde de Rochefoucauld -que le despertó para comunicarle que París estaba en manos de los rebeldes- si era un motín, el distinguido caballero le contestó, no Majestad, es una revolución. Y ya sabemos como acabaron las cosas.