domingo, 12 de octubre de 2014

El socialismo asturiano después de Villa

Decía Tolstoi en su novela Ana Karenina que todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada. Muchas veces en política, los partidos funcionan como familias, y como en ellas, hay antepasados gloriosos y gloriosos calaveras; pero lo terrible es cuando se descubre que aquél en quien se confiaba, que presumía de ser como decimos en Asturias, un paisano, el puntal del grupo, es un traidor.

Lo que más duele del escándalo protagonizado por Fernández Villa, y de lo que pueda derivarse del mismo, es la puñalada trapera que ha metido a todas las Cuencas, la burla a los mineros que le apoyaron y veían en él un referente moral de la lucha obrera, la mancha de la deshonra sobre quienes ejercen y son honrados socialistas. Quizás los mismos –todo hay que decirlo- no supieron o no pudieron, tomar medidas contra quien se creyó un emperador rodeado de una guardia pretoriana que le adulaba, le obedecía y se beneficiaba de su sombra, sin hacerle la más mínima crítica porque como dijo Cicerón, la verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.

Quizás sea este el momento para que la familia socialista asturiana, en la encrucijada que se halla, medite sobre el camino que debe tomar; a veces un golpe terrible sirve para dar un giro a la vida que se llevaba y aprender de los errores y aunque ahora parezca extraño, con la que está cayendo, ser referente a nivel nacional. El socialismo asturiano d.V., tiene que encabezar el rearme moral de este país. Por encima del creciente vocerío populista que nos acosa, por encima de la búsqueda de ideas peregrinas y la carrera por convertirse en la persona más popular, a la manera del American way of life, con el remedo del joven Kennedy, por encima del deseo insaciable de parcelar y repartir cuotas de poder, hay que volver a los orígenes de quienes fueron el pan y la sal de este partido, porque los hombres pasan pero los ideales no y, con ellos, hay que ser coherentes, primar los intereses generales antes que los particulares, no equivocar la trinchera y estar con quienes luchan por su dignidad y por su futuro. Eso o cambiar de siglas, de ideales y de trinchera.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Reflexión sobre un ministro cesante

Alberto Ruíz-Gallardón Jiménez, fue durante algún tiempo, la gran esperanza blanca-nada que ver con Aguirre- de la derecha española. Tenía ese je ne sais quoi, elegante y mundano que enloquecía por igual a jóvenes casaderas, madres ansiosas de tal yerno y gente guapa de la política de su partido, que buscaba un candidato con carisma a años luz de tirantes, bigotes cabreados y olor a caspa y naftalina sangrientas, ocultas en los armarios de la historia. Era un muchacho con carisma que prometía y al que llegó a cortejar algún sector de la izquierda, pesarosa de no tenerlo en sus filas.

Gallardón –la segunda parte de su primer apellido era más popular y hasta le caía como un guante- había acumulado una trayectoria nada desdeñable tanto didáctica como política: ex alumno de los Jesuitas, carrera de leyes, brillante opositor y joven promesa de Alianza Popular. Su escalada de posiciones en medio de aguas turbulentas, le llevarían a sus logros más destacados, la presidencia de la Comunidad de Madrid y la alcaldía de la capital. Un carrerón sin lugar a dudas, suficiente para favorecer el ego de cualquiera, mientras trajinaba entre amigos, enemigos y compañeros de partido, saliendo bastante bien librado de meteduras de pata olímpicas (las deportivas y las otras).

Pero a veces las complejidades del juego político se revuelve en decepciones y agravios con Grandeza de España, por un quítame allá un puesto de número 2, bajo la sombra protectora del líder. Es lo que tienen los desengaños; a alguien le hacen una crítica feroz de unas acuarelas, le cierran el camino del arte y acaba invadiendo Polonia; a Ruíz-Gallardón, el disgusto de no ser la mano derecha de Rajoy y su sucesor natural, le pusieron en el punto de mira de quienes le acusaban de progresista y veían con temor su escalada afirmando “que no creo en la política ni de las encuestas ni del progresismo”-la condesa de Bornos dixit-. De todas formas salió bien del paso y se vio convertido en diputado del Congreso y Ministro de Justicia.

La entrada en la cincuentena no le ha tratado bien y le está dando un aire fondón, anclado en la España de cerrado y sacristía, enrocado como algunos preclaros miembros de su partido, en la idea de que sólo él tiene razón y todos los demás están equivocados. A veces lo he imaginado en medio de un orgasmo mental, al creer que la conspiración judeo-masónica sigue viva y le ha elegido a él como centro de protestas; un estremecimiento de placer debió recorrerle al ver la “marea violeta de Madrid” y sentir las voces de París, Londres y Estambul, que coreaban su nombre, mientras soportaba con estoicismo la incomprensión y los insultos de “las fuerzas pseudo progresistas”. El señor ministro de Justicia fuera de la mujer madre o santa, considera a las mujeres que le llevan la contraria, peligrosas adictas a la libertad de expresión y a la soberanía popular; es lo que tiene ir ascendiendo peldaños envuelto en aromas de la Plaza de Oriente.

Dispuesto a redimir cualquier sarpullido progresista de juventud, se empeñó en cumplir el único punto del programa electoral presentado por el PP, referido al aborto y conseguir que dijeran la verdad en algo; aunque vaya en contra de 8 de cada 10 miembros de la ciudadanía de este país, entre los que se encuentran muchos votantes de su partido. No es extraña pues la diarrea mental que arrastra y que le llevó no hace mucho tiempo en  Valladolid, a citar a Delibes, diciendo “que lo más progresista es defender siempre al más débil”, olvidando que el mejor prosista en lengua castellana, hablaba de las personas oprimidas por una España que ya Antonio Machado había definido como…zaragatera y triste, devota de Frascuelo y de María…, y que el escritor vallisoletano, tan bien describió en algunas de sus obras. En todo caso dudo mucho que de poder viajar en el tiempo, Ruíz-Gallardón estuviera del lado de los Santos Inocentes; lo veo más, suelto de gatillo, en una jornada de caza con el señorito, y muy lejos de Paco el Bajo o Azarías y su milana bonita. Especialmente si se recuerda una frase campanuda que pronunció hace tiempo: prefiero la injusticia al desorden, porque este país necesita más del orden que de la justicia.

Quizás imbuido de esa frase, Ruíz Gallardón haya tenido la sensación de poseer un poder omnímodo, pero desde luego no ha sabido jugar sus cartas. Corre por ahí el rumor de que puso a Mariano Rajoy, entre la espada de su dimisión y la pared de la Ley del Aborto... Mala estrategia para aplicarla sobre un jefe de gobierno que divide sus estrategias entre “problemas que el tiempo ha resuelto” y “problemas que el tiempo resolverá”. Ruíz Gallardón era un problema desde hacía tiempo (y no sólo por la ley del aborto) y Rajoy ha decidido pasarle de una carpeta a otra, a ver si logra salvar los muebles, pero mucho me temo que esta vez el problema se le ha ido de las manos, como muchos otros últimamente. El gen gafe del señor Rajoy. 

Decía Miguel Delibes que “la política es una tentación comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad”. Alberto Ruíz Gallardón,  creo que encaja como un guante en esta cita. Presentada la dimisión y abandonando la política como dice que hará, supongo que retornará a su puesto de fiscal en la Audiencia Provincial de Málaga, del que llevaba en excedencia desde 1983. Espero que aplique en su tarea, más la justicia que el ordeno y mando. Quizás sea el momento para comprobar el aforismo y confirmarlo: la luz viaja más rápido que  el sonido. Por eso mucha gente parece brillante hasta que la oyes hablar.


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domingo, 20 de julio de 2014

Mieres, historia de un desgobierno

Algunas noticias que genera el Grupo de Gobierno del Ayuntamiento de Mieres, con Aníbal Vázquez a la cabeza, hacen que grite aquello de “me siento rejuvenecer”.  Una que pasó por las aulas universitarias, no en el glorioso 68 pero todavía en épocas de la joven democracia, recuerda aquellas asambleas de Facultad llenas de ímpetu primaveral, donde después de tres horas de reunión, salías con los pies fríos, la cabeza caliente y la convicción de haber arreglado el mundo porque nuestros delegados “estaban en ello”, pero luego pasado el momento de ebullición, todo quedaba en agua de borrajas.

Quizás al Alcalde de Mieres y a su equipo, convendría decirles con un deje melancólico, ¡gobernar era esto…!”  Porque no se puede gestionar, administrar y dirigir a un Concejo, con la buena voluntad de una sociedad de festejos o una Asociación Cultural y “si sale con barba San Antón y si no la Virgen de la Asunción”…  O para los no creyentes, actuar “como el ejército de Pancho Villa”, sin ningún tipo de organización ni coordinación.

Los ejemplos caen como los puñetazos sobre un boxeador en horas bajas. Ya no es que se cierren servicios de interés ciudadano (Piscina, Telecentro…) y se aboque a una serie de trabajadores al paro sin plantearse la búsqueda de alternativas, sino que se permiten perder una subvención de 22.500 euros para mantener el puesto de la Agencia de Desarrollo Local e Igualdad, que presta una ayuda primordial a las mujeres del Concejo… Y como el asunto raya en la desidia y en el escándalo, se decide asumir el coste a cargo de las arcas municipales, lo que añade además un trato diferenciado respecto a otros trabajadores. Vamos, que me imagino al grupo de IU, coreando al responsable lo de “ahí gallu, y pon otra de sidra a enfriar que pago yo…” Y eso sin contar con lo que no emerge a la luz pública o lo que vamos olvidando en el salir adelante unos y en las dulzuras veraniegas otros.

A estas alturas, no  sé si la ciudadanía de Mieres ha llegado a una conclusión evidente: que el actual Alcalde, fue una imagen de marca y es muy difícil conjugar las promesas populistas con la dura tarea de gobernar,  y más en tiempos de vacas flacas. Lo que está claro es que unos le votaron por las promesas (a ver si resulta ahora que también IU tenía un programa oculto como el PP) y otros con los pies fríos y la cabeza caliente, que es la mejor manera de coger un resfriado democrático de no te menees, que tiene como consecuencia -cuando se supera el periodo febril- quedarse con las defensas por los suelos, a merced de un serio ataque sobre el organismo cívico.

Desde luego, yo si he llegado al convencimiento de que el Concejo de Mieres, está siendo gobernado por un grupo de asamblearios desnortados, alimentados durante años en el rencor por no gobernar  y que no teniendo lealtad institucional a nivel local, la exigen a nivel regional, con acusaciones de cercos y acosos que ocultan su incapacidad de gestión municipal en la Casa de Ayuntamiento y de dirección política verdaderamente democrática fuera de la misma. Como diría un italiano, ¡manca finezza!... No es extraño que algunos, anteponiendo su militancia y su pasado de lucha obrera, se hayan ido, para no ser cómplices con la estafa que se está perpetrando contra la ciudadanía, sin atisbo de dolor o de vergüenza ante las necesidades del Concejo, de los colectivos más vulnerables y del bienestar general… Porque lo más sangrante además es que ni se informan, ni se aconsejan, ni se coordinan y optan por aquello de “¡tira que libras!...

Podía decir –jugando con historia y el nombre de nuestro alcalde- que no vale la pena, como hizo Aníbal, cruzar los Alpes al paso de elefantes, para ir perdiendo miles de hombres en el camino, y llegar con los restos de un ejército hambriento y aterido, incapaz de conquistar Roma. Pero me parece que es una metáfora demasiado solemne. Al Regidor y al equipo de gobierno del Concejo de Mieres, les cuadra más, aquellos versos de Cervantes sobre un valentón: …y luego, incontiente/ caló el chapeo, requirió la espada/miró al soslayo, fuese y no hubo nada.













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jueves, 27 de marzo de 2014

Nuestro hombre en Europa

En estado de profundo estupor, me ha dejado la noticia de la candidatura por Foro a las elecciones europeas, del que fuera Viceconsejero de Educación D. Argimiro Rodríguez.

No dudo del riguroso proceso de selección emprendido por don Francisco, en busca del candidato ideal, pero tengo mis dudas sobre el mismo; no sobre el proceso, que estoy segura controló de principio a fin, sino por la persona que asume el reto de ser el rostro de Foro en Europa.

Es cierto que don Argimiro es un hombre bregado en las lides políticas y un experto escalador en las ascensiones rápidas, aunque algún error del jefe de la cordada, le ha pillado con el pie cambiado; pero para ciertas tareas de detalle, le falta como dicen los italianos finezza. Quienes le han tratado a pie de obra, en sus labores previas a ser nombrado Viceconsejero de Educación, podrían poner numerosos ejemplos, todos caracterizados por no saber gestionar relaciones personales, no escuchar otras opiniones aparte de la suya, y tener una extraordinaria capacidad para encender y alimentar fuegos. De su breve paso por el edificio de la Plaza de España, ignoro el peso de su huella, pero sin duda la vuelta a la realidad de las aulas ha debido ser dura para el señor catedrático por la rapidez con que quiere abandonarlas. Es lo que tiene pasar de los despachos y de los consejos pomposos, a la dura tarea de educar, y más con los tiempos que corren. O lo que es lo mismo, pasar de la teoría rimbombante a la práctica diaria y trabajada.

Desde luego, Álvarez Cascos está encantado con su candidato europeo, y destacó su preparación en inglés para parlamentar, como si hablar un idioma a nivel de catedrático, concediera el sentido común y el savoir faire que dicen los franceses. Candidato, por otra parte, que por formas se asemeja bastante a su jefe de filas; ya lo dejó claro ayer al comparecer ante los medios: acusó a todo el mundo de inmovilistas y sólo le faltó decir que será la luz que ilumine Europa. Don Francisco debe estar meando colonia.


España ha tenido siempre unas relaciones complicadas con Europa, desde los Tercios de Flandes hasta el contubernio judeo masónico, pero no me parece muy ético enviarles como eurodiputado, si las urnas reparten suerte, a un émulo del Duque de Alba.  De todas formas, ya que la licenciatura de don Argimiro lo es en Filología Anglogermánica, siempre podría pegar la hebra con Angela Merkel y venderle el maravilloso bálsamo de Fierabrás que tanto publicita esa entelequia que es Foro.

lunes, 24 de marzo de 2014

Adolfo Suárez, entre el silencio y la desmemoria.

El día que Adolfo Suárez fue elegido presidente de Gobierno, yo viajaba por las calles de Madrid a bordo de un taxi. Era el 3 de Julio de 1976, tenía 17 años y junto con mi madre, había acudido a una revisión médica. El conductor llevaba conectado Radio Nacional y pudimos escuchar, como de la terna presentada al Rey tras el descabezamiento de Arias Navarro, el favorecido había sido el que todos los círculos políticos y periodísticos, consideraban un nombre de relleno. Hasta el taxista –y ya se sabe que los taxistas de Madrid suelen estar bien informados- expresó su asombro con un “Y este señor ¿quién es? Casi tres años después, en marzo de 1979 y reconocida mi mayoría de edad por la Constitución del 78, mi voto fue para aquél señor y el partido que dirigía, la UCD.

Para entonces ya había corrido mucha agua bajo los puentes de la historia y España se estaba acostumbrando al traje de la democracia. Habíamos pasado por una Ley de Reforma Política que supuso el suicidio dirigido de las Cortes franquistas, la legalización de sindicatos, la supresión del Tribunal de Orden Público y la legalización del Partido Comunista; es cierto que las costuras del traje a veces tiraban y amenazaban romperse en medio del terror de ETA, del GRAPO  y de los grupos ultraderechistas que vociferaban y aplaudían la matanza de los abogados de Atocha… En 1977, llegaron las primeras elecciones democráticas en 40 años. La ciudadanía española no arriesgó; el “puedo prometer y prometo” le valió a Suárez ganar aunque por minoría: con los nacionalistas todavía en la clandestinidad, el PSP de Tierno era un experimento bajo un nombre extraño y Felipe González parecía demasiado inexperto; en cuanto a Carrillo, acababa de salir de los infiernos y Fraga al frente de Alianza Popular, podía presentar sus desencuentros con el dictador, teñidos de formas con aires británicos  pero el fondo era demasiado franquista. La ultraderecha se hundió en las votaciones.

Ahora con la huella que deja el paso del tiempo, me pregunto cuánto hubo de Suárez en todo el proceso y cuánto de elemento externo que resuelve una historia, manejado por alguien a la sombra. Creo que todavía queda mucho por escribir sobre la figura de Torcuato Fernández Miranda; en todo caso estaríamos ante el Deus ex machina de la transición española, que dejó de funcionar cuando los partidos de la oposición –especialmente el PSOE- encontraron su lugar en la escena política y cuando los desencuentros con Torcuato y la traición de algunos de sus compañeros de partido, le llevaron a presentar la dimisión. En el discurso por TVE donde anunció que se iba, están curiosamente los primeros silencios de Suárez sobre causas y nombres.

Aún tuvo la ocasión de ofrecer una actitud digna en el esperpento del 23F; nunca sabremos si él tenía la respuesta a alguna de las preguntas, pero guardó otra vez silencio. Comenzó una larga travesía por el desierto, antes de encarrilar con el viejo encanto de sus comienzos, un nuevo partido, el CDS. En aquellos años, no sé si influenciada por cierta empatía que siento hacia los perdedores, me embarqué en una lista electoral municipal por aquel centro renovado y progresista, que obtuvo algún resultado destacable y que propició la presencia de Suárez en Mieres, visita de la que recuerdo un estrechón de manos, su conocida sonrisa y el empuje que había caracterizado su trayectoria… Fue sin embargo un espejismo, porque el influjo de los sectores más conservadores propició el descalabro de un partido donde confluían distintas maneras de entender un proyecto político. Una vez más, Adolfo Suárez se echó la culpa a la espalda y se refugió en el silencio.

Quizás la desmemoria que alcanza a algunos políticos en su vejez, le hubiera tocado a quién fue el primer presidente de la democracia, pero la suya –hecha de desgracias familiares y enfermedad- no fue voluntaria. Acaso eso le libró de ser utilizado por los suyos como un peón, no sé si otra vez. Si me hubiera gustado saber que habría pensado de la evolución de la monarquía, de los escándalos por corrupción, de la política que rige a España en los últimos tiempos, de ese amago protagonizado por su hijo a lo “agonía de Franco”, mientras los titulares y los artículos volaban como cuervos.


En las próximas horas de ceremonias, homenajes y reconocimientos, su figura saldrá del silencio y la desmemoria; tal vez conviene recordar una de sus frases: “quienes alcanzan el poder con demagogia terminan haciéndole pagar al país un precio muy caro”. Descanse en paz.

martes, 8 de octubre de 2013

Riego, otra vez en el cadalso

El catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla, Manuel Moreno Alonso –ser catedrático no exime de decir tonterías- intenta desmitificar al general  asturiano Rafael del Riego, que encabezó la sublevación liberal de 1820, con epítetos  como “joven oficial escasamente conocido” “ascendido inmerecidamente” o persona “con temor a embarcarse para América”…
Acusar a Riego de cobardía y poca preparación es cuando menos curioso. Se formó en el grado de Leyes y Cánones en la Universidad de Oviedo, comenzó su carrera militar y se batió el cobre en la guerra de la Independencia, luchando por su patria y sirviendo a la Corona prisionera en Bayona –según las noticias oficiales- lo que le valió la prisión y la deportación a Francia, donde entraría en contacto con las ideas revolucionarias; en ellas la influencia ilustrada asturiana fue indudable. A su regreso a España, fue ascendido por méritos de guerra y juró la Constitución de 1812 (la primera liberal de España)

El profesor Moreno Alonso, que con gracejo sevillano llamó en su momento, “pandilla de pardillos” a los diputados de Cádiz, quizás olvida que mientras éstos se daban a sí mismos y al país una Constitución –imperfecta, pero Constitución al fin y al cabo- y los españoles de dejaban la piel y la sangre luchando contra el ejército invasor, Fernando por mal nombre llamado el Deseado, había abdicado en José Bonaparte y agobiaba a Napoleón, pidiéndole más comodidades en sus habitaciones, dinero para sus gastos y fracasado su intento de casarse con la hijastra del Emperador, ponía su interés en la hija de José. 

No sé si Riego era consciente en ese momentos del rey ignorante que volvería a ocupar el trono de España y lo que esperaba a los liberales (no hay más que leer el Manifiesto de los Persas) pero pronto se daría cuenta que Fernando VII era un cobarde y un felón, que iba con los de la feria y venía con los del mercado. Y por si fuera poco, perjuro porque aquél “vamos juntos, francamente, por la senda constitucional”, le duró el tiempo que le permitió planificar la destrucción de quienes habían confiado en él.

A mi parecer, Manuel Moreno Alonso, olvida la premisa de todo buen profesional en el quehacer histórico: consultar fuentes diversas y contrarias para equilibrar la verdad de los hechos y ser objetivo; está muy feo, publicar un artículo donde se manipulan las cosas para que se adapten a nuestra ideología o a la política -cierta forma de hacer política- del momento; salvo que el señor catedrático, aspire al título de historiador de cabecera.

Un ejemplo es la cita sobre que "Riego alimentó el descontento de sus soldados al decirles no sólo que iban a ser alejados de su patria en buques podridos, sino que alegó que lo iban a hacer para llevar una guerra injusta al nuevo mundo"; y en ella, encuentra el profesor sevillano el mejor ejemplo de cobardía. Y para ello se salta a Montesquieu, Rousseau, la revolución americana, la francesa, la trayectoria de Riego y lo que haga falta; ¡con un par, mi armaaaa…! Riego, anticipó sin saberlo, los barcos podridos que llevaron a la armada española al desastre del 98, la carne de cañón, sustituta de los hijos de los ricos, de los pobres hijos de campesinos y obreros en Cuba y Marruecos, mientras en España, reyes ineptos y políticos corruptos, hacían negocios… ¿Les suena?

Lo cierto es que el único cobarde de esta historia, se llamaba Fernando de Borbón, que se ocupó personalmente, como el ser mezquino y rastrero que era y que tan bien retrató Goya, de vengarse de Riego y regodearse en su fin y en la persecución de sus amigos , asegurándose, en un gesto de clara rapiña, que las pocas propiedades del general, necesarias para la subsistencia de su familia, pasasen a la Corona.


España perdió con los liberales que apoyaban a Riego (que se había apartado del poder) la posibilidad de engancharse a un sistema parlamentario al modo inglés y tuvo que cargar con la herencia envenenada de Fernando VII y sus sucesores, que abrieron un periodo de retroceso político, social y económico. Todo lo demás es historia y por supuesto demonizar todo lo que suene a república y democracia en el más amplio sentido de la palabra.

domingo, 6 de octubre de 2013

La naturaleza del escorpión

En una fábula, atribuida a Esopo, un  escorpión le pide a una rana que le ayude a cruzar el río prometiéndole no hacerle ningún daño. La rana accede subiéndole a sus espaldas pero cuando están a mitad del trayecto el escorpión pica a la rana. Ésta le pregunta incrédula "¿cómo has podido hacer algo así?, ahora moriremos los dos" ante lo que el escorpión se disculpa "no he tenido elección, es mi naturaleza".

La naturaleza de algunas personas funciona como la del escorpión de la fábula de Esopo. Les importa muy poco las consecuencias de sus actos, aunque dichos actos les conduzcan al desastre. Un ejemplo claro lo tenemos en esa entelequia llamada Foro, creada por y a mayor gloria de su fundador. El señor Álvarez Cascos, a espaldas de quienes confiaron en él y en su proyecto, se dispuso a cruzar un río de aguas revueltas, con el afán de llegar a la orilla del poder, sano y salvo. Pero esa travesía está lastrada por el afán enfermizo de controlarlo todo, de no tolerar la mínima disidencia, de planificar una trama destinada a humillar a sus enemigos a costa de sacrificar a sus amigos, de evitar la crecida fruto de un enmarañado tapón que puede romper en cualquier momento; y en esea itinerario quienes pensaron que una alianza con él, sería un buen negocio, al contar con un aguijón venenoso al servicio de sus intereses, se encuentran como la rana de la fábula. 

Se vio y se ve con claridad en la deriva errática que desde 2011, mantiene Foro en Asturias: el  gobierno regional de Francisco el Breve, la caótica navegación gijonesa, el querer obtener en los juzgados lo que no han obtenido en las urnas, las peleas a lo puñalada trapera… 

A estas alturas del espectáculo, la poca lástima que sentía por las personas que se dejaron embaucar por el proyecto de quien aspiraba a satisfacer su ansia de venganza, poder y gloria, ha desparecido; quien pone su futuro en manos de un embaucador, se merece los reveses que le sobrevengan… Sin embargo, sigo contemplando entre el asombro y la risa, a esas incautas ranitas que han confiado en un peligroso compañero de viaje; el ansia de mando es contagioso, casi orgásmico en algunos casos, pero también comprometido cuando se viaja a la espalda de quien no puede dejar de ser fiel a su naturaleza, aunque ello suponga el hundimiento de sí mismo y de quienes le rodean.